¡Bienvenidos, lectores y lectoras de Hanami Dango! Vamos con la reseña de uno de los animes más interesantes y atrevidos del año pasado, Gachiakuta, de la mano de Bones Films y que nos presentó una historia cargada de venganza, acción y política.

Como esta no es una reseña al uso, antes de empezar os vamos a dejar un índice para que no os perdáis en la reseña: primero hablamos de la estructura socioeconómica de la obra, después del arco de Amo Empool, tras eso, de la batalla entre Limpiadores y Raiders, y por último, unas conclusiones donde hablamos del apartado audiovisual.

Allí donde habiten los humanos, habrá desigualdad

Ya hablamos en la reseña del manga (también la hizo un servidor, pueden leerla aquí) de cómo toda la obra de Kei Urana no se comprende sin el modo de producción en el que vivimos instalados globalmente: el capitalismo. Esta estructura económica moldea unos productos culturales, de manera que no se explican fuera de este. Así nace Gachiakuta.

La obra de Urana realiza una crítica acérrima al capitalismo, sistema el cual replica en su obra, desde el minuto uno: tiramos los objetos que aún tienen uso, solo porque podemos cambiarlos por otros que no están dañados o estropeados, sin pensar si se pueden reparar o si eran importantes para nosotros. 

La utilidad con la que la sociedad ve los objetos que posee no es más que un mero símil para expresar cómo las personas, sobre todo aquellas que visten con ropas relucientes y blanquecinas, tratan a otras personas. Si una persona ha cometido un delito grave, como un asesinato, es arrojada al Abismo: así ocurre con el padre de nuestro protagonista y con él mismo.

Queremos detenernos un segundo en la población que vive en el barrio pobre de Altomundo, estos repudian a Rudo, por ser el hijo de un asesino, de la misma manera que los ricos. Esta actitud la personaliza Chiwa, dejando caer el peluche que le regala Rudo cuando ve que es condenado al Abismo. Estamos ante una prole que ha perdido su identidad, que piensa que está más cerca de ser rico que de correr la misma suerte que los asesinos o la basura que se arroja al gran agujero sin fondo que limita la ciudad.

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Rudo antes de caer al Abismo

Por eso, Rudo, antes de caer anuncia que la verdadera basura son ellos, que no son conscientes de la clase a la que pertenecen y fantasean con pertenecer a otra a la que una meritocracia les dará acceso algún día, si es que antes no roban para comer, o matan o deciden culparlos siendo inocentes del suceso cometido, o simplemente, si no se les cae la casa encima.

Urana cincela el contexto económico y social de su obra de forma clara, dura y sin miramientos, siendo consciente de que ninguna ficción, por más edulcorada que esté, podrá superar la realidad que vivimos. No hace una crítica infantil del capitalismo, lo entiende y busca cómo criticarlo para ver las desigualdades que crea. Gachiakuta, en estos términos, no es una obra anticapitalista -está sumergida en sus dinámicas- sino poscapitalista. Pero sigamos el viaje de Rudo, descendamos hasta Sotomundo y veamos cómo se desarrolla la sociedad allí.

Cuando Rudo abre los ojos, entre bestias polutas y un mar infinito de basura, conoce a Enjin, un Giver (‘Dotante’ en español, pero vamos a usar la nomenclatura del manga para evitar confusiones entre el español peninsular y de Latinoamérica). Este se convertirá en su tutor y protector, no sin antes ponerlo en una situación límite en la que conocerá la clase de personas que viven en Sotomundo para que despertase sus poderes de Giver, activando su Jinki (‘instrumento vital’ en español), es decir, aquel objeto que se ha cuidado y se guarda una relación con él, en su caso, sus guantes.

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Rudo explicándole un par de cosas tranquilamente a Amo

Rudo observa que las personas en Sotomundo son exactamente iguales que en Altomundo: sueñan con una riqueza inmediata que les permita abandonar su estatus actual. Es decir, Urana nos deja intuir la idea de que no importa qué tan oscuro sea el abismo que se atraviese, la sociedad humana siempre será una lucha entre oprimidos y opresores, como dijo Engels, y como se observa de manera ejemplar con el personaje de Amo.

Amo Empool y la infancia robada

Presenciamos en el ecuador de la serie una historia demoledora, que no vamos a destripar, porque toda la primera parte, es decir, todas las aventuras en Sotomundo se construyen con un único fin: presentarnos a Amo. De manera simple, Amo es a Rudo lo que Gaara es a Naruto. Al igual que la lucha entre opresores y oprimidos se produce allá donde residan humanos, también lo hace la maldad con la que los niños son tratados.

Amo normaliza su sufrimiento y hace de él su forma de vida. ¿El resultado? Una agresividad disfrazada de amabilidad que no le permite confiar en nadie que se salga de sus expectativas. Por ello Amo activa sus poderes contra los Limpiadores a la primera de cambio, y no es hasta que no se acaba el combate, es decir, hasta que Rudo puede empatizar con Amo, pues comprende que sus infancias han sido robadas, que la situación cambia.

Pero, sin lugar a dudas, el trabajo que más destaca en el arco de Amo es el realizado por Bones Films para describir el abandono que hace una madre de su hija por unas monedas y cómo Amo pinta, ilustra su supuesto cuento de amor como si estuviese dibujando con ceras de las que usábamos en Primaria. Esta historia que Amo narra nos desgarra por completo porque la ficción y la realidad se unen por un momento. La historia de Amo es, por desgracia, la historia de muchas niñas cuya infancia les fue robada, y hasta aquí podemos contar, el resto deben verlo.

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Recuerdos de Amo

La irreverencia y la batalla contra los Raiders

La segunda parte del anime abarca la batalla entre los Limpiadores y los Raiders («Saqueadores»). Su jefe tiene dos objetivos: convencer a Rudo para que se una a ellos y ver si se puede cruzar la Linde y volver a Altomundo. Aquí se desarrollan las mejores escenas de acción y musicales de todo el anime, destacando, sobre todo, la aportación de Vincent Chansard en el episodio 21.

Es en este arco donde Gachiakutale habla al espectador y le dice «lo único que me importa de la tradición es destrozarla». Riyo ejecuta el gatillo que destroza la elegancia de una batalla en inferioridad contra Noerde. Cuando se da cuenta de que no tiene ninguna posibilidad con la Raider, Riyo desactiva su Jinki, y hace uso de un arma convencional, que después vuelve a utilizar contra Jabber.

La limpiadora pelirroja no duda en saltarse las reglas preestablecidas para ganar, prioriza su propia vida y las de sus compañeros antes que dar una batalla elegante pero con un resultado que le costase su propia vida. No hay idealismo, no hay moraleja, solo hay una cosa que proteger, lo más importante: su vida y la de sus compañeros, y cualquier medio es válido, tanto en la guerra como en el amor.

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No suman una neurona entre Rudo y Enjin

Este pragmatismo encierra en sí mismo toda la esencia de Gachiakuta, una obra influenciada por la cultura hiphop -tanto que la coautoría de la obra es de un grafitero, Hideyoshi Andou– que busca protestar contra lo preestablecido y crear un nuevo orden mientras lanza una mensaje claro a los que observan: estamos cambiando las cosas, con un ritmo lento, sin prisas, pero lo estamos haciendo; seguid observando.

La Colección del Vigilante y las incógnitas por resolver

Las botas de Amo, los guantes de Rudo (3R) y el abrigo de Zodyl Typhon pertenecen a la Colección del Vigilante, un Giver que poseyó todos estos Jinkis y que cuentan con un poder superior al resto. ¿Su origen? Lo desconocemos. Así como tampoco conocemos qué hacía Enjin en la zona en la que cae Rudo al inicio de la serie.

Tampoco sabemos nada de Enjin, su apellido nos es desconocido, además de lo que llevaba en el bolso y pensaba usar dentro de la bestia poluta. Ni del jefe de los limpiadores, Arkha Corvus, cuya tranquilidad transmite una fuerza que está en otro nivel. ¿A qué se dedicaba Riyo en su pasado? ¿Por qué cambió? 

¿Quién es el Ángel y cómo consiguió pasar la linde? ¿Quién mató al padre adoptivo de Rudo, Legto? Todas estas incógnitas, muchas de ellas sin resolver todavía en el manga, no solo sirven como una forma de mantener a los lectores, sino como un ejemplo de construcción y elaboración de una obra y su mundo. Urana ha aprendido de Oda, de Kishimoto, de Akutami, de Kubo y de sus predecesores y conoce cómo estructurar una obra; está en los hombros de gigantes de camino al éxito.

Conclusión

En resumen, el trabajo de Bones Films es excelente, la animación es fantástica; mostrando quizá sus puntos más débiles con el CGI, pero ha conseguido mantener el aire irreverente de la obra original y su humor decadente, así como el diseño original de los personajes, el cual es fantástico y novedoso. La música aporta continuamente al apartado visual, manteniendo el espíritu gamberro y la esencia hiphop de la serie.

Mientras esperamos que vuelva con la segunda temporada, te recomendamos que te pases al manga, puedes continuar en el capítulo 89 (tomo 11), pero te recomendamos encarecidamente que, si es posible, comiences la lectura desde el principio, te ayudará a afianzar conceptos y a observar ciertos detalles, como los que se encuentran en el arco de Amo, que enriquecen la serie.

Y hasta aquí, la reseña del anime de Gachiakuta. ¿Qué os ha parecido? ¿Os pasaréis al manga? Os leemos en comentarios y por Twitter. También podéis seguirnos en Instagram, Twitch o en nuestro canal de Discord. ¡Nos leemos en la próxima!

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