¡Bienvenidos, lectores de Hanami Dango! En el pasado 31 Manga Barcelona tuvimos el enorme placer de poder tener una entrevista con Ana, productora y traductora de Ediciones Tomodomo, sobre muchos temas relacionados con la editorial y la situación de la traducción hoy en día.
Durante la conversación, pudimos repasar algunos de sus trabajos como: Ōoku: Los Aposentos Privados o Réquiem por el rey de la rosa.
Por aquí os dejamos todos los temas que se trataron durante la entrevista, para que podáis disfrutarla por vosotros mismos.
Hanami Dango: Antes de nada, si alguien no conoce Tomodomo como editorial, ¿podrías presentarte, contarnos a qué te dedicas y explicarnos cuál es tu rol principal ahí dentro?
Ana, de Ediciones Tomodomo: Soy Ana María Caro, traductora de Tomodomo desde hace unos diez años. Empecé con la editorial en 2014. Tomodomo es una editorial de manga y a partir de ahí ha habido otras editoriales que me han contactado y a día de hoy trabajo también con ellas haciendo traducciones.
Las empresas pequeñas son muy difíciles de llevar. Ya sabéis que es una empresa familiar, una especie de «fansub profesionalizado». Así que, como miembro del equipo fundador mi trabajo es echar una mano con lo que pueda: llevo las redes sociales como Instagram, aunque de X ya no me encargo porque no podía con todo.
H.D.: Dentro del terreno editorial, en cuanto a escoger obras para licenciar y demás, ¿tú también participas?
A: Sí, yo soy lo que en el ámbito profesional se suele llamar «lectora editorial». Me consultan las obras que podemos licenciar o yo misma las propongo. Tanto Ende como yo leemos las obras y nos ponemos de acuerdo.

H.D.: Háblanos de tu experiencia con la traducción. ¿Cómo empezaste y qué te animó a querer dedicarte a traducir?
A: En su momento estaba un poco perdida sobre qué carrera escoger. A mí me habría gustado estudiar traducción de japonés, pero soy de un pueblo de Cádiz. Hoy en día hay un montón de carreras de lenguas orientales, pero entonces no había. Tuve que elegir entre estudiar traducción o japonés; traducción se estudiaba en Granada y japonés en el Instituto de Idiomas que había en Sevilla, que es un centro que pertenecía a la Universidad de Sevilla.
Así que me fui a Sevilla y elegí mi segunda opción que era Comunicación Audiovisual, ya que yo también quería ser dibujante de manga. Bellas Artes no me interesaba, quería algo que me ofreciera más opciones. Comunicación Audiovisual, fijándome en las asignaturas, tenía muchas cosas que me gustaban e hice japonés de libre configuración. No era una escuela de idiomas, pero te daba una formación básica.
Unos diez años más tarde conocí a Ende, que tenía dos fanzines, Life in a Glasscase y Lis en Fleur, de temáticas BL y yuri. Fue uno de los primeros que hubo en España de temática BL cuando no se publicaba nada de BL. La primera vez que yo participé en el fanzine fue en el 2012, que yo dibujaba BL en esa época. Fue una historia llamada Jose y el encargado, que está subida en Internet por si alguien la quiere leer.
Así comenzó nuestra amistad, y como sabía que yo traducía del japonés, me ofreció trabajar en la editorial que quería montar. Vimos que había mucha demanda. Aunque no hubiera habido lo habría hecho igual, porque en esa época no se publicaba nada de BL. Se decía mucho lo de: «El BL no vende», que a día de hoy suena impensable. A Ende le gustaban los diálogos que yo escribía en mis cómics, así que me propuso traducir series como En la misma clase.
Era lo que yo siempre había querido hacer, así que le metí mucha caña al idioma, me saqué el NŌKEN, que era como se llamaba antes oficialmente. Fui también a Japón para mejorar. Mi especialidad es la traducción escrita, la interpretación no es lo mío. El japonés hablado y escrito son casi como dos lenguas distintas.
H.D.: Vaya, entonces en el tema interpretación está más curtide Ende que tú, ¿no?
A: Sí. Y al revés, a Ende se le dan peor los kanji que a mí, a elle no le gustan. Digamos que Ende es más de hablar y yo soy más de hincar codos.
H.D.: La verdad es que es un trayecto atípico.
A: En mi generación no es tan atípico porque antes era muy difícil estudiar japonés, no había carrera. Muchos de los traductores de japonés con cierta edad no tienen la carrera de Traducción. Creo que en Barcelona sí había carrera de Traducción al japonés, pero en otras partes de España no. Y tampoco había los medios que hay ahora. Las nuevas generaciones vienen más preparados en ese sentido.
H.D.: Volviendo al tema de los orígenes de Tomodomo, ¿cuál era vuestro principal objetivo personal y profesional al crear la editorial? ¿Estáis satisfeches con lo que habéis conseguido?
A: Si me dices hace diez años que íbamos a durar tanto con la editorial… Es verdad que soy un poco pesimista, Ende tiene más ese punto fantasioso, con más planes por cumplir. Elle no se plantea tanto el futuro, sino que vive más el presente, yo soy al revés. Yo llevo diez años pensando: «la editorial chapa mañana», ¿sabes?
Esto es muy duro, hay que sacrificar muchas cosas. Yo cada poco tiempo tengo crisis existenciales e incluso a veces ganas menos del salario mínimo, pero es cierto que es algo que te llena. He tenido algunos trabajos que he dejado por temas de depresión y ahora que soy feliz es un equilibrio difícil.

La situación de los traductores es complicada, incluso en estas circunstancias soy una privilegiada porque hay gente que está mucho más puteada que yo y cobra menos aún. Sacar una editorial adelante es muy complicado y cada vez más, porque cada vez se saca más, está el tema de la IA y las editoriales japonesas cada vez son más exigentes… Yo estoy supercontenta con el recorrido que tenemos y he cumplido muchos sueños.
Ir a Japón, entrar en las editoriales… Estuvimos en Kodansha cuando trabajamos con ellos, que hace tiempo que ya no, y nos llevaron a las revistas de josei, la Kiss. Me sacaron los originales de Princess Jellyfish de Akiko Higashimura y yo flipé. Son cosas que yo jamás en mi vida habría imaginado, como pedazo de friki del manga que he sido desde muy pequeña. Porque yo era friki desde antes de que estuviera de moda, cuando la gente no sabía lo que era el manga ni el anime.
Desde el principio cuando hablaba con Ende de sacar Seven Days o En la misma clase era ya una quimera. Hice realidad el sueño de poder traducirlos. Poder ir a Japón, hablar con los japoneses, ir a ver las obras allí, plantearnos qué sacar y qué no… Yo estoy muy orgullosa. Si se acaba mañana esto o si tengo que dejar este trabajo por cualquier otro, lo haré feliz. Lo he disfrutado muchísimo y ha sido un privilegio poder dedicarme así a ello porque muy poca gente tiene la oportunidad. Pero digo esto con el deseo de poder hacerlo toda la vida, claro.
H.D.: Tu perspectiva debe de ser diferente porque aparte de traducir estas obras, tú eres fan y te has criado con ello. ¿Se vive diferente?
A: Pues sí, y al final ten en cuenta que a muchos traductores les toca traducir cosas que no les gustan. Por una parte es maravilloso, pero por otra es cierto que te vuelves excesivamente perfeccionista. Muchos de los errores que yo cometo es por darles demasiadas vueltas a las cosas y hacer cambios a última hora. Se te cuelan erratas y es imposible controlarlo todo.
Otro aspecto complicado es que cuando tu trabajo es tu hobby, comienza a definirte. Y en ese momento tu trabajo se convierte en tu vida. Y claro, cuando entras a redes sociales y ves la más mínima crítica, aun siendo a la editorial y no a tu trabajo directamente, lo sufres de manera personal.
A mí eso antes me sometía a un estrés impresionante, y más en mi caso que llevaba las redes sociales. Por suerte ya he pasado esa fase. He tenido que hacer un proceso de desvincularme de mi trabajo en ese sentido. Me ha costado años y terapia llegar a eso.
H.D.: Hablando de uno de tus trabajos insignias, Ōoku: Los Aposentos Privados, imagino que ha debido de ser difícil por su conocida complejidad.
A: Sí, es duro, sobre todo porque yo lo quiero hacer bien y con esta obra estoy al límite de mi capacidad. No soy la persona que más japonés sabe de España. A mí se me da muy bien adaptar, es decir, encontrar una similitud y reflejar lo que tú lees en japonés pero en español, para que quede igual. Por ejemplo, para traducir humor, no puedes traducir un chiste de manera literal porque te cargas el chiste; eso una IA no te lo sabe hacer. Al final no puedes traducir las cosas tal cual, palabra por palabra.

Las IA no pueden hacer traducciones literarias porque necesitan contexto. En japonés el contexto es superimportante. Cuando estábamos en el último año de Japonés, le preguntábamos a la profesora cómo diferenciar los distintos significados a la hora de traducir y nos decía: “Por el contexto”. El japonés es un idioma que tiene muchas sutilezas.
Hay gente que es muy reacia a las notas de traducción. En los mangas es muy importante el flujo visual puesto que el ritmo está muy medido. La forma en que colocas los bocadillos, las viñetas… Son como los signos de puntuación, todo lo que cambies va a cambiar el flujo de la lectura.
Últimamente se respeta mucho más el original japonés. Antiguamente se hacían auténticos destrozos cambiando por completo las obras. Ahora estamos prácticamente en el polo opuesto, no cambiar nada. Eso te puede llevar a ser demasiado literal y a que pierda la gracia.
Ōoku: Los Aposentos Privados tiene un japonés muy antiguo en un contexto histórico muy concreto. Mis conocimientos del idioma van un poco al límite con la obra. No soy la persona que más sabe al respecto, así que dentro del tiempo que tengo para traducir intento mirar al máximo las referencias. A veces siento que hay cosas que se me escapan, pero trato de no juzgarme demasiado. Al final tienes el tiempo que tienes, o lo haces en ese plazo o no se hace nunca.
H.D.: Con el paso de los tomos de Ōoku: Los Aposentos Privados, ¿se te ha ido haciendo más sencillo el trabajo?
A: Sí, me ha pasado. Vas adquiriendo y dominando cierto vocabulario y realmente no es la obra más difícil que he tenido. Me cuesta mucho más trabajo, por ejemplo, Pájaro que trina no vuela. Esta tiene un lenguaje mucho más actual y coloquial.
De hecho, el otro día me enseñaron un fallo, pero más o menos se entendía, porque era muy ambiguo. Lo que os comenté antes del contexto, vaya. Hay muchos espacios en blanco para que rellene el lector.
Tú como traductora tienes que rellenar cosas porque en español necesita un pronombre o un género que, si no lo pones, la frase queda rara. Te tienes que mojar y te puedes equivocar. Es algo que hay que reconocer y se deberían asumir con más normalidad los errores. Los traductores somos humanos.
H.D.: Entonces, ¿dirías que Pájaro que trina no vuela ha sido tu mayor reto de traducción en Tomodomo o ha habido alguna otra cosa que te haya costado especialmente?
A: Sí, incluso leyéndola en japonés tienes que estar muy atento. Es una obra que tiene que traducirla siempre la misma persona por las referencias que tiene. En el tomo 9, que es el más reciente, hay referencias a diálogos del primer tomo. Tienes que tener la serie muy metida en tu cabeza. Aunque haya glosarios, si no has visto el texto original hay cosas que se te van a pasar.
Me gusta estar metida en el fandom, ver lo que se cuece, las teorías de la gente… Hay cosas que son prácticamente intraducibles. Hay que intentar respetar todo lo posible el argumento.
H.D.: Si pudieras dar un consejo a alguien a quien le gustaría dedicarse a la traducción del anime y el manga, ¿cuál le darías?

A: En la carrera es muy raro que te enseñen cosas del mundo laboral. Cuando eres traductor, vas por libre. Yo les diría que buscaran asociaciones de traductores. Yo estoy en una de traducciones editoriales, que hacen cómics, literatura… Se llama ACE traductores. Hay de muchos tipos. Es importante informarse e intentar hacer piña con otros traductores.
Hay foros para preguntar, programas de mentoría que te ayudan a entrar al mundo laboral, sobre todo de cara a contratos, propiedad intelectual, tarifas… Fijar una tarifa es muy difícil, especialmente cuando estás empezando y habrá quien se aproveche de ti.
A mí muchas veces me escribe gente que está haciendo el máster. Por ejemplo, este año me preguntó una chica porque no encontraba información sobre tarifas. Los traductores no podemos hablar de tarifas en público porque la ley de competencia te reconoce como un empresario y te multa si las fijas o recomiendas. En la práctica no somos empresarios, más bien seríamos falsos autónomos. Ahora se está luchando mucho por cambiarlo.
Hay miedo de hablar de tarifas tanto por el riesgo de multa como por que aparezca otra persona que conozca tu tarifa y pueda ofrecer una más baja. Realmente esto último es imposible porque las tarifas son tan bajas que es inviable.
Entonces, mi consejo es que escribas a un traductor por redes, preguntes y que te informen de cómo proceder. Si hablas con una persona y no te dice nada, búscate a otra. Hoy en día hay muchos traductores con redes.
Sé que muchas personas que se dedican a la traducción son neurodivergentes e introvertidas. Me duele que un trabajo que podría ser una salida fantástica para todo este tipo de personas está en unas condiciones de precariedad terrible. Deberíamos unirnos y concienciar a la gente de nuestra situación, sobre todo para que no caigan los que vienen detrás.
Los traductores no somos competencia, que hablemos entre nosotros es bueno. Yo me ofrezco a responder lo que me pregunten. En su momento yo no tenía a quien recurrir, pero tuve la suerte de que Ende había estudiado Traducción.
H.D.: Muchas veces la gente interpreta que el traductor debe ser totalmente autosuficiente. Por eso nos preguntamos, ¿tú cuando tienes una duda a quién le consultas? ¿Cuál es tu punto de referencia?
A: Cuando yo tengo una duda, muchas veces miro otras ediciones. La gente a veces piensa que eso es copiar, pero eso es parte del proceso de documentación y es bueno hacerlo. Y os voy a decir una cosa, rara es la edición en la que no encuentro algún error, para que veáis lo común que es. Y yo me puedo equivocar en otra cosa que otra traducción no se ha equivocado, eso es normal en las traducciones. Tú eres como un superlector, has de ser el lector que mejor conozca la obra.
Lo ideal sería preguntar a los autores, pero en Japón es muy difícil. Intentamos hacerlo cuando estuvimos trabajando con Shonen Note – Days of Evanescence, porque había un nombre que no sabíamos cómo transcribir porque es katakana y se nos ocurrió preguntar por Twitter a le autore cómo se escribía. Pero nos riñeron porque está prohibido contactar al autor directamente y hay que hacerlo mediante el editor siempre. Esto alarga mucho el proceso y lo hace insufrible. Al final tú has de sacar la obra y no puedes ralentizarlo tanto preguntando cualquier cosilla que te surja.
Por lo tanto, normalmente es tu interpretación. A veces si es solo una palabra puedes preguntar a alguien que también sepa japonés, un hablante nativo, buscarlo en internet… Hay que documentarse.
H.D.: Ahora es un tema muy presente el uso de la IA en la traducción y es que es una herramienta que ha llegado para quedarse, aunque pueda no gustarnos. En el mundo de la traducción en general, ¿crees que es una herramienta que puede usarse como apoyo en algún aspecto o que no es correcto que se introduzca de ninguna manera en la cadena de trabajo de una traducción?
A: A mí hoy por hoy no me aporta nada. Por ejemplo, cuando estaba empezando a trabajar con Ooku: los aposentos privados le pedí a ChatGPT que me convirtiera un texto en un texto en español del Siglo XVI y no lo hizo, porque no sabe. Por cierto, no uso ChatGPT, lo hice por simple curiosidad, a ver si de verdad era tan listo. Y no.
No sé cómo será para el resto de profesionales, pero a mí me daría más trabajo. Hay una cosa que se llama post-edición. En este proceso se te da un texto traducido con IA o con traducción automática y tú lo tienes que adaptar. ¿Qué pasa? Que para adaptar bien has de ver el texto fuente, el de origen. Es lo mismo que cuando miras otra traducción en otro idioma, eso te suele dar más trabajo.
Puede haber quien trabaje así, porque es supuestamente más sencillo. Pero suelen salir cosas sin sentido, y por eso evito hacer post-edición, ya que me va a tocar consultar el texto fuente y luego volver a mi traducción. Por lo tanto, hoy por hoy yo no encuentro utilidad en mi trabajo a la traducción automática en general, no solo la de la IA.
Ahora, la traducción automática, para entenderse con un francés por Vinted está estupenda o para documentos internos también es útil, pero siempre con supervisión. No creo que valga más que para eso, Desde luego, no te sabe hacer traducción literaria y enfanga más que ayuda.
Luego ya están los dilemas éticos de la IA: que gasta mucha agua, que es un dispendio, que hace uso de muchas obras sin tener en cuenta el copyright… Yo considero que la Unión Europea debería meter mano en esto, sobre todo en el tema de los derechos de autor.
Si tuviéramos una IA con ética y que pagase los derechos de autor quizá sería otra historia, aunque veo difícil que exista. Para traducción literaria sigue sin gustarme porque no entiende el contexto, el humor, las metáforas… Hay un traductor de japonés, cuyo nombre no recuerdo ahora mismo, que tiene una newsletter en la que quería vender lo bien que traduce la IA País de Nieve de Yasunari Kawabata. Comentaba que podía hacer muy buenas traducciones pidiendo un estilo más casual, más formal… ¿Por qué hace la IA tan bien estas traducciones? Porque se ha comido todas las traducciones que existen sin pagar derechos.
Pero ahora pídele que traduzca una obra que no sea como El Quijote, que tiene tantas traducciones, ¡eso es trampa, estás plagiando el trabajo de otros traductores! Además, cuando tú estás haciendo una traducción de cómic has de entender las expresiones de los personajes y el flujo gráfico de la página, que es algo que la IA no entiende.
Otra cosa es que la gente se está acostumbrando a las malas traducciones de IA, que lo que hace son equivalencias de palabras o expresiones entre idiomas. Luego esa gente toma una traducción hecha por Google Translate o ChatGPT de un manga y se queja de las traducciones profesionales diciendo que no se ha hecho una traducción literal y no es fiel a la original, que la buena es la de Google Translate. Eso es un problema, porque es el lector quien ha de pedir una traducción buena, que son las que conservan el sentido y la intención de la obra, no las literales.

Cuando estudias lingüística, aprendes que a la hora de traducir un significado no es solo la palabra en sí, hay otros elementos paralingüísticos que también fabrican el lenguaje, y eso la IA no es capaz de interpretarlo bien.
Es un tema que yo veo muy claro y me fastidia que la gente haga uso de la IA para consultar cosas que, por ejemplo, podría buscar en Wikipedia. Y también que nadie se plantee de dónde viene toda la información de la IA ni los recursos que gasta.
H.D.: Vamos a ir acabando ya la charla y queremos dejarlo con buen sabor de boca. Así que, a nivel personal, ¿cuál dirías que es tu obra favorita de Tomodomo?
A: Réquiem por el rey de la rosa.
H.D.: ¡No lo has dudado ni un segundo!
A: No, lo tengo clarísimo. No solo porque es una serie que me gusta mucho, sino que a nivel personal también me ha aportado mucho porque la seguí desde el principio e incluso conocí a mi pareja gracias a la obra. Cuando vino Aya Kanno a España fue una experiencia increíble. Todo esto hace que sea una obra muy especial para mí.
De hecho, me gustaría darle un repaso a la traducción y me dio mucha pena terminarla.
H.D.: ¿Y cómo fue para ti recibir la noticia de que ibas a estar trabajando con esta obra?
A.: Me hizo mucha ilusión. Que es un problema cuando te implicas tanto emocionalmente con la posibilidad de conseguir una licencia. Porque eso hace que si se la lleva otra editorial te lleves un disgusto.
Antes yo estaba muy al tanto del panorama japonés porque me gusta estar al día, pero ahora hay tanta competencia que he dejado de leer manga en japonés porque me encariñaba con las series y me resultaba muy frustrante no poder traducirlas yo.
Por otro lado, tengo la suerte de que todo lo que traduzco me gusta, porque es algo que siempre buscamos en Tomodomo: trabajar obras que apreciemos. No todos los traductores tienen esa suerte.
H.D.: Hablando del trabajo de traducción, ¿cuál es el mensaje que te gustaría dar al público? Ya que al final es un trabajo muy dedicado en el que, en parte, hacéis que las obras también sean vuestras.
A.: Así es, porque legalmente los traductores también somos autores. Por eso peleamos tanto por hacer que nuestro nombre aparezca en las portadas de las obras. Mucha gente cree que traducir es pasar el texto de un idioma a otro y ya, pero hay mucho más detrás.
En Japón se valora mucho esta figura, pues en la mayoría de cómics u obras que llegan traducidas siempre ponen el nombre del traductor. Al ser una isla que ha estado mucho tiempo aislada valoran más el conocimiento de esas personas que les han podido acercar parte de la cultura extranjera.
También influye que los traductores en España no hemos hecho piña, algo que sí ha ocurrido en Francia, por ejemplo. Es algo que creo que también deberíamos hacer nosotros.
Por lo tanto, lo que creo que es importante y siempre trato de hacer es divulgar esta profesión. Ya sea haciendo entrevistas como esta o tantas otras formas que hay de hacerlo.
Para ello, echo en falta cómo eran las redes sociales antes, que te permitían dialogar en foros o incluso en los primeros tiempos de Twitter. Hoy en día lo que genera interacción son los aspectos negativos, algo que me da mucha pena. Podría ser un mundo muy positivo y enriquecedor, pero no conviene a los dueños de las empresas tecnológicas.
Yo también tenía un blog que me gustaría rescatar para divulgar más todo este ámbito. Igual no sirve para nada, pero podría publicar muchas cosas que no han salido de Ōoku: Los Aposentos Privados, como hacía con Réquiem por el rey de la rosa.
Hay que tener paciencia con la gente que no entiende el esfuerzo y el valor de la traducción para poder divulgar como es debido. También creo que los autores deberían promover que se hagan buenas traducciones que sean humanas.
H.D.: Ya por último, vamos a soñar con un contexto donde el dinero es infinito y no hay limitaciones. ¿Qué obra te gustaría licenciar y traducir?

A.: Hay muchas que me gustaría trabajar. Por ejemplo, de Fumi Yoshinaga me gustaría traer una que se titula Kinou Nani Tabeta?, que son muchos tomos y trata de una pareja gay de mediana edad de un abogado y un peluquero.
El primero está muy preocupado por el dinero y su situación económica cuando deje de trabajar. Él cocina en casa y es un chico muy reservado que está ligeramente acomplejado por ser homosexual porque nadie lo sabe.
Por otro lado, el peluquero es mucho más abierto y todos sus amigos saben que es gay. Por lo tanto hacen una pareja muy graciosa. Además, es interesante porque también es una obra con una gran parte gastronómica.
Este título de Fumi Yoshinaga en Japón es muy famoso y tiene adaptaciones live-action de varios tipos. También ha sido muy importante en la historia del BL porque se publica en una revista seinen y ha ayudado a normalizar que una pareja gay sea protagonista en un manga que no es BL. Algo que, por cierto, Moto Hagio valora muy positivamente en uno de sus libros.
Ahora os digo esta obra, pero si me preguntarais en otro momento podría decir una completamente distinta porque hay muchas que me encantaría trabajar.
H.D.: Pues hasta aquí la charla. Muchas gracias, Ana, por compartir tu tiempo con nosotros.
A.: De nada, gracias a vosotros por la entrevista y gracias a los lectores por el interés en este ámbito que creo que se está valorando poco a poco más y que reconoce mi trabajo.
Y aquí concluye la entrevista que pudimos hacer a Ana, de Ediciones Tomodomo. Damos muchas gracias a ella y a todo el equipo por darnos un poco de su tiempo para poder aportaros esta interesante charla y, por supuesto, también agradecer a todos nuestros seguidores que nos apoyan día tras día para hacer esto posible. Gracias por vuestro apoyo, ¡nos vemos en la próxima!


























