¡Bienvenidos de nuevo, lectores de Hanami Dango! Por si no estabais enterados, estamos dedicando este mes de febrero a rememorar algunos de los trabajos del director Mamoru Hosoda. La excusa —aunque tampoco la necesitábamos para hablar de este fantástico director— es celebrar que su nueva película, Scarlet, se estrena el 27 de febrero en los cines españoles. Por eso, y porque no podía faltar en el repertorio de nuestro blog, hoy os traemos nuestra recomendación de Los niños lobo.

Los niños lobo cuenta la historia de Hana, una estudiante universitaria normal y corriente que un día conoce a un chico y comienza una relación amorosa con él. Sin embargo, este chico no es como los demás: es un hombre lobo. Eso no impide que su relación progrese y, con el tiempo, acaban convirtiéndose en padres de Ame y Yuki, dos niños medio humanos medio lobos. Desgraciadamente, la situación se trunca de repente y Hana se ve en la tesitura de tener que criar ella sola a estos dos niños tan especiales.

Los niños lobo Recomendación_01 - Hanami Dango

Un poco de contexto para ponernos en situación

Los niños lobo (Ookami Kodomo no Ame to Yuki, 2012) es un punto de inflexión en la carrera del director porque fue el primer trabajo desarrollado por Studio Chizu, estudio de animación fundado conjuntamente por el productor Yūichirō Saitō y el propio Hosoda. Ambos habían trabajado juntos en La chica que saltaba a través del tiempo y Summer Wars, en Madhouse, y tras esa experiencia decidieron formar una compañía propia con la que trabajar más libremente. 

En esta película, Hosoda se acompaña de gente de confianza con la que ya había trabajado en sus dos películas previas, como son la guionista Satoko Okudera y el diseñador Yoshiyuki Sadamoto. También repite varias de las líneas temáticas que había tratado en los primeros trabajos de su carrera filmográfica. Nos referimos a temas como la familia o la maduración hacia la edad adulta. Sin embargo, en este trabajo el enfoque es un poco diferente porque todas las temáticas giran en torno a una idea central: la maternidad.

La historia de una madre excepcional

Es fácil pensar que Los niños lobo es una película sobre un par de niños un tanto singulares que buscan encontrar qué quieren ser en la vida. Y sí, en cierto modo lo es. Sin embargo, a un nivel más profundo lo que realmente narra es la historia de Hana, la madre que acompaña a sus inexpertos hijos en su desarrollo, haciendo lo posible —y un poco de lo imposible— por apoyarlos en su camino. Hana es un personaje heroico que lucha contra viento y marea para cuidar de sus hijos. Tarea extremadamente complicada cuando no puedes recurrir a nadie porque tienes que mantener en secreto su carácter de niños lobo. 

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El filme, sobre todo en sus primeros compases, hace un retrato bastante agudo de lo que significa la crianza en solitario, sobre todo cuando no existen mecanismos sociales que te ayuden. ¿Cómo trabajas si no puedes dejarlos al cuidado de nadie? ¿Cómo los sanas cuando enferman si no puedes acudir al médico? Y no menos importante, ¿dónde puedes encontrar un entorno en el que puedan desarrollar su potencial, sea este como humanos o como lobos?

Esa última pregunta es la que encauza el desarrollo de la segunda parte de la película. Hana busca que sus hijos tengan la opción de vivir como lobos, no solo como humanos, si es eso lo que quieren y terminan decidiendo. Ella se limita, dentro de sus posibilidades, a mostrarles lo que significan ambas realidades. Su comprometida dedicación a la hora de cuidar a sus hijos y su mentalidad abierta y comprensible hacen de Hana uno de los personajes maternales más excepcionales del anime.

¿Qué camino tomar en el sendero de la vida?

Centrémonos ahora en Ame y Yuki: dos niños normales y corrientes que a ratos son dos cachorros de lobo perfectamente normales y corrientes. La película nos muestra su evolución desde la más tierna niñez hasta la adolescencia/adultez. Gracias a su madre y al entorno que encuentra para ellos, poco a poco van descubriendo lo que la vida puede ofrecerles, ya sea como humanos o como lobos. 

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Buena parte de la magia de la película reside, precisamente, en la forma en la que muestra el desarrollo de los niños y cómo evolucionan hasta encontrar su lugar en el mundo. En 117 minutos de metraje se condensan dos infancias con una naturalidad portentosa. No solo son relevantes los sucesos importantes, aquellos que marcan un antes y un después, también lo son los pequeños momentos de la vida, aunque puedan parecer anodinos, y tanto la dirección de Hosoda como el guion de Okudera se encargan de hacérnoslo sentir con claridad.

Con todo, nos olvidemos de lo que decíamos al principio: esta es la historia de Hana. El desarrollo de sus hijos y las elecciones que toman son una parte muy importante de la película, pero lo que le da valor es el significado que esto tiene para nuestra protagonista. Aquí es donde reside toda la carga emocional del filme, es lo que hace que sea una historia tan emotiva y, al mismo tiempo, inspiradora.

Una obra de belleza delicada y encantadora

En el plano audiovisual, nos encontramos con un trabajo sencillamente espléndido. Los diseños de personajes son obra de Yoshiyuki Sadamoto, cuyo estilo no cuesta nada reconocer si ya hemos visto las películas previas del director, donde también participó. Sus diseños pueden tener una apariencia sencilla, pero son de un trazo muy cuidado y agradable. No encontraremos en ellos detalles especialmente llamativos que los hagan destacar, pero es porque están pensados para ser muy expresivos sin necesidad de artificios extravagantes.

Algo similar encontramos en la animación: es natural y fluida, sin arrebatos provocativos, pero de una naturalidad encantadora. Incluso cuando entran en juego los elementos sobrenaturales, estos no desentonan, se funden con la realidad con total espontaneidad. Y, con todo, no deja de tener escenas para lucirse —como la de la nieve—, donde sale a relucir el exquisito nivel técnico de la película.

Conclusiones

Hay quienes destacan a Hosoda por su habilidad a la hora de combinar mundos realistas y fantásticos. Motivos no faltan, pues es un elemento recurrente en su filmografía. Los ejemplos más claros serían Digimon Adventure: Our War Game, Summer Wars y Belle, pero incluso en películas como la que nos ocupa encontramos esa fusión entre costumbrismo y elementos de fantasía. Sin embargo, quien escribe estas líneas considera que la esencia de este director realmente se encuentra en la honestidad con la que plasma a los personajes de sus obras.

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Vamos a terminar este artículo con una afirmación rotunda: hay argumentos para considerar Los niños lobocomo la mejor película de Mamoru Hosoda. Es un largometraje maravilloso de principio a fin, con una historia redonda y bonitos mensajes. En teoría es un recuento de la vida con algún elemento sobrenatural, pero en la práctica tiene cierta «magia» que hace que la sientas como una experiencia muy especial.

Aquí acaba nuestro artículo recomendación de Los niños lobo, pero ¡no hemos terminado con Mamoru Hosoda! Estad atentos a nuestro blog y redes si no queréis perderos lo que queda. Y si todavía no habéis leído nuestros anteriores posts sobre el director, ¡aquí los tenéis! ¡Hasta la próxima!

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