¡Bienvenidos a bordo, intrépidos piratas de la tripulación Hanami Dango! Estando próximo el estreno de Scarlet en los cines españoles, desde Hanami Dango nos hemos propuesto revisitar algunas de las obras del director Mamoru Hosoda. Hoy es el turno de su debut como director al cargo de un largometraje: One Piece: El Barón Omatsuri y la isla de los secretos.

Título: One Piece: El Barón Omatsuri y la isla de los secretos.
Título original: One Piece: Omatsuri Danshaku to Himitsu no Shima.
Año: 2005.
Director: Mamoru Hosoda.
Guión: Masahiro Ito (basado en la manga original de Eiichirô Oda).
Estudio: Toei Animation.
Duración: 91 minutos.
Licenciada en España por: Selecta Visión.
Aclaración: Para comodidad del redactor de este post, se va a considerar las palabras «largometraje» y «película» como sinónimos, aunque no es una asociación del todo correcta.
Sí, la película de One Piece sería su primer largo, pero no su primera película. Digimon Adventure: ¡Nuestro juego de guerra! (Digimon Adventure: Bokura no war game) se considera un mediometraje al durar 40 minutos, pero «película» abarca cortometrajes, largometrajes y mediometrajes. Es decir, esta OVA de Digimon Adventure es, técnicamente, su primera película.
De todas formas, vamos a seguir refiriéndonos al filme de One Piece como su primera película, ya que lo habitual es asociar «película» con los largometrajes. Además, fuera de Japón dicha OVA solo se estrenó como parte de Digimon: La película (Digimon: The Movie).

Lo que podría parecer un mero trabajo de encargo por parte de Toei Animation tiene más relevancia de la que parece. Esta película no es solo, como hemos dicho, el estreno del director al cargo de un largometraje, sino que es también el fin de su etapa en Toei. Tras su marcha, empezó como director freelance haciendo para Madhouse las películas de La chica que saltaba a través del tiempo y Summer wars, para después crear Studio Chizu.
Antes de marcharse de manera definitiva de Toei, también tuvo sus trabajos fuera de este estudio, como en los storyboards de la icónica Utena, la chica revolucionaria (J.C.Staff) o su conocida aventura fallida en Studio Ghibli. Su fantástico trabajo con Digimon Adventure llamó la atención del mítico estudio de animación, pese a que su experiencia como director se reducía a episodios y OVA. Ghibli se veía en la necesidad de encontrar sangre fresca para renovarse y no seguir dependiendo de Isao Takahata y de un Hayao Miyazaki que llevaba amenazando con retirarse desde La princesa Mononoke. Es así como Hosoda se haría cargo de la dirección de El castillo ambulante mientras el estudio estaba por terminar El viaje de Chihiro.
Como ya es sabido, Hosoda dejó el proyecto y acabaría volviendo a Toei con el objetivo en mente de dirigir películas, pero no encontraría suerte de primeras. Sus trabajos como director consistieron en un corto para Louis Vuitton y dos episodios, el 40 y 49, de Ojamajo Doremi Dokkan!, la cuarta temporada de La mágica Do-re-mi. Sin Hosoda esperarlo, dicho episodio 40 sería el que le abriría de manera definitiva las puertas a su ya reconocida carrera.

Siguiendo la estela de aquel mítico episodio 21 de Digimon Adventure, Doremi y la bruja que dejó de ser bruja es un episodio que hace un alto en el camino, pero sin por ello evitar lo que se viene en la serie. Acercándose el final de la serie y en el momento de decidir si se convertirán, al final, en brujas o si rechazan sus poderes para seguir siendo humanas, Doremi se queda sola un día. Es en esa tarde tan solitaria donde tendrá un encuentro con la encarnación de las consecuencias de la decisión que tome.
Sin entrar mucho en el tema porque os recomendamos que le echéis un vistazo, este es un episodio precioso y que reafirma el impacto que ha tenido Mamoru Hosoda en obras ajenas a las de su propia creación. Ya lo había demostrado en Digimon Adventure, lo demostró aquí y lo demostraría en One Piece: El barón Omatsuri y la isla de los secretos.

La importancia de este episodio en la carrera de Hosoda se debe a la persona que, tras verlo, decidió darle una oportunidad al director: Masao Maruyama. Para quienes no sean conocedores de este nombre, Maruyama es una de las figuras más importantes a nivel de producción en el mundo del anime. Cofundador de Madhouse y fundador de los estudios MAPPA (Maruyama Animation Produce Project Association) y Studio M2, ha sido responsable de darle la oportunidades a directores como Satoshi Kon, Masaaki Yuasa y al propio Mamoru Hosoda.
Tras haber visto el mencionado episodio y con los derechos de la novela en mano, le ofrecería a Hosoda dirigir, como freelance, la película de La chica que saltaba a través del tiempo. Lo que vendría después, como se suele decir, ya es historia. Curiosamente, Toei le daría a Hosoda lo que llevaba buscando estos últimos años en el estudio: la dirección de un largometraje. Es así como se cerraría la trilogía de Mamoru Hosoda en las franquicias de Toei con One Piece: El barón Omatsuri y la isla de los secretos. También dirigiría, durante la producción de este film, el episodio 199 del anime, perteneciente al arco original (o de relleno) del G8.
Antes de empezar a hablar de la propia película en sí, aclaramos que no es necesario que seas un fan de la obra de Eiichirô Oda para que puedas disfrutar de este largometraje. En su mayoría, las películas de One Piece son historias autoconclusivas alejadas del canon y que, en algunos casos, ni siquiera podrían encajar dentro de los acontecimientos del manga. Quitando las que resumen arcos argumentales del anime, todas se pueden disfrutar teniendo unos conocimientos mínimos sobre lo que va One Piece.
Dicho esto, empecemos ya a hablar de la película, que os llevamos dando la chapa un buen rato ya.
One Piece: El barón Omatsuri y la isla de los secretos se ubica en unos acontecimientos que deberían transcurrir entre los conocidos arcos argumentales de Skypea y Water 7. Los Piratas del Sombrero de Paja «solo» están conformados por Luffy, Zoro, Nami, Usopp, Sanji, Chopper y Nico Robin. Sí, nosotros también nos sentimos algo mayores tras escribir esta frase, pero es que no hay que olvidar que la película tiene ya 20 años.
Nuestra banda favorita del Grand Line es invitada a una isla resort donde esperan poder hacer un alto en el camino para relajarse. Por desgracia para los Piratas del Sombrero de Paja, a su llegada, el Barón Omatsuri, el señor de la isla, les hace participar en una serie de juegos. Lo que no se esperan nuestros protagonistas es que, conforme van ocurriendo estas pruebas, lo que se suponía que sería una estancia de relax está afectando a los lazos que mantienen unida a la tripulación de Luffy.

Si el episodio 21 de Digimon Adventure hizo a Taichi (o Tai) dudar de si dejar atrás a sus compañeros en el mundo digital y a Doremi le mostró las posibles consecuencias de su futura decisión, One Piece: El barón Omatsuri y la isla de los secretos es la historia que más desestabiliza la relación de los «mugiwara». El propio manga de Eiichirô Oda ha jugado varias veces con el abandono o la traición por parte de algún miembro de la tripulación de Luffy, pero nada se siente de la misma forma que en esta película.
Mamoru Hosoda ha sido siempre un director para el que las relaciones familiares (o seudofamiliares) han sido una de sus mayores obsesiones. Prueba de ello son películas como Los niños lobo, Summer wars, El chico y la bestia o Mirai, mi hermana pequeña. En este caso, los «Sombrero de Paja» no son una familia en términos de consanguinidad, pero, como cualquier fan de One Piece sabe, la hermandad entre los miembros de la banda supera cualquier límite. Son lo que podríamos considerar una «familia encontrada» (o «found family» en inglés).
La cosa es que ninguna relación entre personas está libre de asperezas y es ahí donde nuestro antagonista, cual Eris, intenta generar discordia. El Barón Omatsuri no tendrá una manzana para la más bella, pero sus pruebas calan en nuestros protagonistas como gotas entre las grietas hasta generar fracturas. En una obra en la que la amistad es tan importante, una verdadera amenaza que sea capaz de romper estos lazos se siente más terrorífica que cualquiera de los «Cuatro Emperadores».
Hablando de terror (¿habéis visto cómo hilamos?), OnePiece: El barón Omatsuri y la isla de los secretos puede ser lo más cerca que haya estado One Piece de dar miedo. Sí, de manera posterior, los acontecimientos del manga y el anime en Thriller Bark también son un acercamiento al terror, pero no al mismo nivel. Thriller Bark, al igual que su inspiración Pesadilla antes de navidad, entra en el terror de una manera más estética. En la película de la que estamos hablando, el terror va más allá de mostrar una estética.

La paleta de colores va cambiando desde el habitual tono colorido de la obra a una gama más tétrica, pero ocurre conforme las relaciones se fracturan y la desesperación que busca generar el enemigo aumenta. Además, el Barón Omatsuri y sus acompañantes van mostrando un lado más inquietante conforme avanza el metraje.
Una vez dicho todo esto, vamos a ser justos. One Piece: El barón Omatsuri y la isla de los secretos sigue siendo, a fin de cuentas, una película autoconclusiva y no canónica de la franquicia. Por no hablar de que One Piece es un «nekketsu» que todavía sigue en publicación dos décadas después. Todos sabemos que ni la banda se va a disolver y que Luffy acabará ganando al villano con una buena somanta de hostias. Tampoco es que el terror sea el de Alien, el octavo pasajero o El exorcista. Aun siendo conscientes de que todo esto puede anular nuestra suspensión de la incredulidad durante el visionado, la película resulta uno de los ejercicios por ofrecer algo novedoso más interesantes en las aventuras de nuestros piratas favoritos.
Pasando a un apartado más técnico, tenemos una película particular respecto al resto del anime de One Piece. Nos encontramos con planos holandeses (o aberrantes), planos más abiertos para darle presencia a los escenarios o unos planos iniciales de los personajes que nos definen a la perfección sus intereses. Con esto no queremos desprestigiar a la dirección del anime de One Piece, sino resaltar lo interesante de ver cómo un director con una personalidad tan marcada como Hosoda deja su impronta, como ya hiciera en las obras que mencionamos con anterioridad.

Hablando del estilo más único de One Piece: El barón Omatsuri y la isla de los secretos, toca mencionar el elefante en la habitación: el diseño de personajes y la animación. Como ya mostrara en sus trabajos con Digimon Adventure, los diseños de personajes se encuentran algo desdibujados con respecto a sus versiones más habituales. Habrá algunos a los que esto les suponga un bajón de calidad, pero lo que es apreciable es que, a cambio, tenemos a unos personajes con unas animaciones más expresivas y con una mayor identidad.
También tenemos una implementación de la animación 3D para algunos elementos y para escenarios de fondo. Imaginamos que algunos estaréis temerosos al leer esto y más siendo el año 2005. A día de hoy, el debate con el 3D en el anime debería estar superado hasta cierto punto con obras que han demostrado un gran trabajo con esta animación, pero ese sambenito es uno que todavía le cuesta quitarse. En el caso de la sexta película de One Piece, podéis respirar tranquilos, pues los elementos en 3D son un complemento que funciona de manera estupenda con el acabado de la película.

Resumiendo (que hay que cerrar la dango-cortina por hoy), One Piece: El barón Omatsuri y la isla de los secretos es una película que, aun pasando desapercibida en el plano general, es una experiencia particular, pero de gran calidad. Los fans de One Piece tienen en esta a su película más única, sin por ello dejar de estar entre las mejores. Los fans de Mamoru Hosoda tienen aquí otro ejemplo más de los interesantes acercamientos que tiene el director a obras que no son suyas, así como un largometraje de debut que no le tiene nada que envidiar al resto de su filmografía. Para los fans del anime y el cine en general, os hemos dado suficientes argumentos ya para que le deis una oportunidad. Así que, ¿a qué esperáis para izar velas para ver esta película?
Esperamos haberos convencido para darle una oportunidad a esta película tan interesante. Estamos deseando leer vuestros comentarios, ya sea aquí o a través de nuestras redes sociales. ¡Nos vemos en la próxima isla, aguerridos grumetes de Hanami Dango!


























