Saludos, queridos dangos de colores, en esta ocasión, si nos lo permitís, os vamos a pedir que os sentéis con toda la calma posible y toda vuestra seria atención, pues vamos a vivir una verdadera vorágine de emociones. Pues Tengo cáncer terminal, pero estoy bien, de Hilnama es una obra de todo menos ligera. Así que, con nuestras mejores galas, nos sentamos a rendir respeto y homenaje. ¡Arrancamos esta recomendación!

Tengo cáncer terminal pero estoy bien portada manga

Título: Tengo cáncer terminal, pero estoy bien.
Autor: Hilnama.
Editorial: Norma Editorial.
Género: Recuentos de la vida, drama.
Volúmenes: Tomo único.
Páginas: 160 páginas en B/N.
Precio: 11,95€.

Argumento

Nuestra historia empieza con Hilnama, una mangaka que se encuentra con un intenso dolor de tripa y ganas constantes de comer. Preocupada, acude al médico y la mandan a casa asegurando que todo está bien y con ella confusa y su marido cabreado y encabezonado en que insista y vuelva a ir al médico. Tras una segunda revisión, acabará descubriendo que tiene cáncer de colon.

Estructura

La narración es progresiva, arrancando con Hilnama encontrándose mal y descubriendo más tarde su enfermedad. La historia abarca todo el proceso de diagnóstico, operación y tratamiento de la enfermedad. Lo cuenta con detalles médicos y técnicos que le dotan de un enorme realismo. Es palpable, por tanto, que ha contado con la supervisión de especialistas sanitarios en todo momento. 

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Aspectos técnicos

El dibujo es sumamente cercano y con un punto de suavidad, dibujando a la protagonista como un conejo. Dotándola así de un aire más «fantasioso» u «optimista» a la crudeza de la historia. Las viñetas tienen una clara intención de normalizar una situación de por sí con una alta carga dramática, consiguiendo arrancar carcajadas agridulces entre tanta lágrima, algo que se agradece enormemente. Y se nota con cariño a qué se dedicaba la autora, pues las referencias ingeniosas y eróticas son maravillosas.

Se nota que ha tenido la supervisión de profesionales, como comentábamos previamente por la cantidad de nombres concretos de las pruebas, por las detenidas explicaciones de cómo funcionan y en qué consisten, en el protocolo que se sigue en los hospitales y con los pacientes de cáncer. Nos acerca un conocimiento que no es desde luego de andar por casa y nos lo hace realmente accesible.

Aprendemos cosas tan simples como qué nos hace falta llevar cuando nos van a ingresar al hospital o qué procedimientos tenemos que seguir de cara a una operación. Pautas básicas y muy recomendables de saber y que la mayoría desconocemos de manera evidente. 

Sí que es cierto que hay viñetas muy densas con mucha información en ciertas ocasiones, pero no se hacen pesadas de leer en absoluto, aunque sí requiere una digestión lenta y pausada. Es sumamente recomendable acometer la lectura con la mayor calma y relajación posible. 

Impresiones y reflexiones personales

Seguramente, de los primeros pensamientos que se le viene uno a la cabeza es que, valga la ironía, no hay palabras para describir esta obra la primera vez que se lee. Menos aún si uno viene de una experiencia cercana en lo personal a lo narrado en el libro. Es sumamente fácil comenzar a soltarse y deshacerse emocionalmente en llanto apenas se arranca con la lectura. 

Es real y se palpa en cada momento. No está edulcorado. Los médicos son capaces de soltarte a veces las mayores burradas del mundo sin más y otras veces tener el tacto digno de un ángel mientras sientes que el mundo se te desborda y desgaja a cachos.

Hilnama en muchas ocasiones tira de humor y ese es un punto a favor tanto a la hora de abordar una enfermedad crónica y terminal como es un cáncer, como a la hora de encarar la vida o una historia. No siempre hay anestesia para las cosas, de manera que quitarle hierro al asunto es lo único que queda muchas veces. Aunque la carcajada sea la más desgarradora y desconcertante del mundo.

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Es muy importante el mensaje de que no solo hay que acompañar, cuidar y querer al enfermo, también a todos aquellos que están con esa persona. Más aún si se encuentran librando sus propias batallas. La enfermedad no es solo para el que la padece, por desgracia, acaba tocando y afectando a todas las personas presentes, si se permite la alegoría, en esa habitación.

No estamos diciendo que asumáis batallas para las que no estáis preparados. Pero también sed conscientes de cuáles tenéis capacidad para librar y afrontar y cuáles no. Es mejor no meter el pie desde un principio que desmoralizarse y bajarse a mitad de camino. Porque un enfermo tiene y debe luchar por sí mismo, pero en muchas ocasiones, su motor serán los demás y no él o ella misma.

A fin de cuentas una de las mejores cosas que podemos hacer como sociedad para aliviar el dolor y la angustia es normalizar las cosas. Una cosa es que haya ciertos temas que deban (¡por favor!) ser privados, pero no debería existir nada que sea tabú, porque eso significa que es algo invalidado y reprimido, y normalmente, injustamente. Todo debería poder hablarse sin censura, otra cosa es que esté bien o mal y sea bueno o malo. Pero esa libertad debería estar, más en cosas complicadas como una enfermedad.

También es importante valorar y cuidar a nuestro personal sanitario. Son personas que velan por nuestro bienestar, su trabajo es mantenernos vivos, algo sumamente humanitario y gratificante pero muy arduo y sacrificado. Es elegir voluntariamente trabajar al borde la muerte y al límite de la vida en ocasiones. Nunca son suficientes las gracias que podemos darles en todo momento

De manera que, aunque sea lo típico que siempre se dice, es una obligación invertir en ciencia y en una sanidad pública de calidad. Porque le puede tocar a cualquiera y todos queremos las mejores condiciones y el mejor pronóstico posible. Unos medios buenos hay que pagarlos y protegerlos entre todos. Y también hay que darle el lugar que merece a la educación emocional, pues se trata de una pieza clave durante el tratamiento y después de él.

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Conclusiones finales

Tengo cáncer terminal, pero estoy bien es una obra densa aunque contada muy acertadamente con ligereza gracias al cuidado en su forma y a su detalle, es exquisita. Complicada y dolorosa, pero también muy bella, real y catártica. No es un manga para leer si estás pasando por una época complicada. A menos, a título personal, de que seas de mi filosofía de, me sumerjo plenamente en el dolor porque sé que voy a salir con las alas más grandes del mundo de él.

Es una historia a abordar con enorme precaución pero a la que se le acaba cogiendo mucho cariño. SÍ es de esas historias que marca un antes y un después, no ves las cosas ni las valoras igual. Nos destroza parar volvernos a reconstruir, y queremos pensar que mejores.

Nosotros no podemos dejar de recomendarla, pero eso sí, haciendo mucho hincapié en que hay que ser conscientes de lo que se enfrenta. Si uno conoce los riesgos y se ve preparado, adelante a muerte con ella. Si no, a los corazones afligidos les recomendamos que se cuiden y la dejen para más adelante. Esperamos de corazón que le deis una oportunidad y hagamos terapia todos juntos. 

Si os animáis con ella, esperamos con ilusión vuestros comentarios tanto por aquí como por nuestras distintas redes sociales. Dicho esto, esperamos que hayáis disfrutado mucho de esta recomendación, cuidaros mucho y nos vemos en la próxima. ¡Un abrazo y quered siempre con mucha pasión a todo el mundo! ¡Cada día es un tesoro!

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