¡Bienvenidos de nuevo a casa, lectores de Hanami Dango! Ahora que ha terminado la temporada de anime de otoño de 2025 no hemos querido desaprovechar la ocasión para preparar una recomendación completa de This Monster Wants To Eat Me. Ya veníamos avisando hace tiempo de que tenía potencial. Es un anime que no escapó a nuestro radar cuando os hablamos de los animes que más deseábamos ver esta temporada. Tampoco se nos pasó mencionar su irresistible opening entre nuestros favoritos de otoño de 2025. Y, por supuesto, no faltó en nuestras primeras impresiones de la temporada.

Seguramente, muchos de vosotros os estaréis preguntado a qué viene tanta atención. Lo sabemos, es un anime que avanza lento, somos conscientes de ello. Al principio, puede dar la sensación de que los capítulos avanzan sin que realmente llegue a pasar nada. Pero es que This Monster Wants To Eat Me es una de esas historias que hay que dejar que se desarrollen despacito, como olas en calma que vienen y van. No tiene intención de ganarse fanáticos a base de escenas súper impactantes. Más bien nos ha dejado la sensación de habérsenos quedado pegado a la piel. Como si fuera arena o, mejor dicho, sal de mar.
Con la primera temporada recién acabada nos hemos quedado con una sensación que no es fácil de explicar. Es un poquito como cuando se te remueve algo por dentro y te deja como un peso suave. Hacer una recomendación de This Monster Wants To Eat Me no es una tarea fácil, por mucho que nos haya gustado. Lo que ocurre es que requiere entender que puede tocar lugares delicados. Exige mostrar vulnerabilidad. De la misma manera en que encontramos a Hinako. El alma de nuestra protagonista está completamente expuesta ante nuestros ojos, y explica que no busca salvarse, sólo que intentemos aceptar algo que ella ya ha aceptado: el final.
Y el amor, lejos de ser palpable, es apenas un susurro. Pasa casi desapercibido si no prestamos atención a los detalles. Y es que este anime es justo ahí donde crece, en los pequeños detalles.
Cuando querer morir se convierte en una forma de vivir

Se podría decir que This Monster Wants To Eat Me trata sobre una chica que desea morir y aparece en su vida un monstruo que promete devorarla cuando considere que es el momento adecuado. Pero si nos quedáramos solo con esa premisa no estaríamos siendo honestos. No es una historia que hable sobre morir, sino sobre alguien que, sencillamente, no desea vivir.
Hinako no quiere suicidarse. Simplemente no espera nada de la vida. Es alguien que lo perdió todo demasiado pronto. Pero no hay un dramatismo exagerado en su relato. Solo hay cansancio. Una monotonía silenciosa. Una sensación constante de que el mundo entero se encuentra en un plano totalmente distinto al de su propia existencia. Hinako percibe la vida como si estuviera en el fondo de un océano. La gente se mueve a su alrededor pero su cabeza está bajo el agua y el sonido le llega muy de lejos. Sencillamente, porque le da igual. Nada puede importarle más que el momento en el que por fin se acabe todo.
Y en mitad de ese vacío insondable aparece Shiori. La bella sirena que ofrece una promesa de alivio a Hinako. Una muerte a dentelladas, pero solo cuando Shiori crea oportuno. Algo que debería producir terror y que Hinako acepta con una naturalidad escalofriante. Para ella, al fin la muerte se convierte en una certeza que, de manera paradójica, termina siendo un puente para alargar su vida.

Pero Shiori no se presenta como un milagro caído del cielo. Su bella apariencia esconde el terror que representa un auténtico yokai. Ofrece su protección a nuestra protagonista, sí, pero, ¿a cambio de qué? Y en este punto es donde This Monster Wants To Eat Me empieza a jugar con la ambigüedad. ¿Cumplirá Shiori su promesa o tiene alguna intención oculta? ¿Quiere matar realmente a Hinako o está alargando su vida? ¿Solo son un cazador y su presa o hay algo más profundo entre ellas?
Personajes con los que se conecta desde el primer momento
En esta recomendación de This Monster Wants To Eat Me nos gustaría ser tan honestos como la propia historia de esta obra. Para ello, debemos decir que los personajes no son perfectos, no te enamoran. Son tal y como se nos muestran. Y eso es algo que ayuda a conectar con ellas enseguida. No son especialmente carismáticas ni pretenden ser alguien a quien seguir o admirar. Son como tú o como yo. Sienten emociones que no siempre son fáciles de etiquetar. Pero, por encima de todo, su potencial no está en su complejidad, sino en su humanidad desnuda.

Por su parte, desde el primer momento Hinako nos hace sentir que es tremendamente fácil entenderla, incluso cuando no estamos de acuerdo con ella. Evidentemente, quien suscribe esta recomendación nunca apoyaría la idea de una persona perfectamente sana que desea que su propia vida termine. Pero siempre se puede hacer el esfuerzo de tratar de comprender los sentimientos que pueden llevar a una persona a caer en un pozo tan profundo. En ese sentido Hinako es como un libro abierto. Su apatía, su eterno cansancio, son perfectamente comprensibles.
Resulta especialmente cercana porque lleva una vida normal. Ella va a clase, tiene amigas, hace las tareas de casa. No hay un drama en cada rincón. Pero lo que esconde en su interior lo percibimos de forma descarnada. Ha tomado una decisión y es tan firme como silenciosa. No desea permanecer en un mundo al que hace mucho tiempo que siente que no pertenece.

Por otro lado, tenemos a Shiori. Lo lógico sería sentir, como mínimo, cierta repulsión hacia ella. No olvidemos que pretende zamparse a nuestra protagonista. Pero enseguida empezamos a notar cosas que no cuadran con el monstruo que se supone que debería ser. Shiori no juzga en ningún momento a Hinako. No la cuestiona, no pretende corregirla, ni se presenta como la divina encarnación de su deseo. Simplemente, la acepta. Pero, por encima de todo, lo que más nos intriga es cómo la mira. Su miradas no se sienten como hambre hacia su presa, se ve más bien como una calma que intenta comprender el mundo interior de Hinako. Y, sinceramente, nos encanta.

Pero, ¿quién podría olvidarse de Miku? Es la típica amiga que, o eres tú, o está siempre a tu lado, o te encantaría tener. Es escandalosa, extremadamente extrovertida, incluso, a veces, un poquito insoportable. Pero se preocupa por Hinako. Se preocupa de verdad. Por eso resulta tan fácil conectar con ella. Que Shiori la caiga fatal es perfectamente normal y comprensible. Ella siempre ha estado ahí para cuidar de Hinako. ¿Quién es esa presencia nueva que amenaza su estabilidad y qué pretende? Sus sentimientos son tan fáciles de entender como los de cualquiera.
Lo que hace que sea tan fácil conectar con las chicas de This Monster Wants To Eat Me no es que compartamos sus sentimientos ni sus decisiones. La verdad es que, como espectadores, reconocemos en ellas emociones que podemos haber sentido, pero que hemos callado. A veces, un silencio conecta más que mil palabras.
Lo que la muerte representa para Hinako
Vamos a tratar de sumergirnos en este apartado con todo el cuidado del mundo. Sabemos que es la parte más dura de este relato, por lo que no queremos caer en sensacionalismos baratos ni en juicios de valor. Por esta razón en este apartado, como la persona que escribe esta recomendación, voy a intentar mostraros mi interpretación de la forma más honesta posible sobre un tema que está presente en la obra: el suicidio.

Simplemente me gustaría analizar el punto de vista de la protagonista desde una distancia segura, intentando comprender sus sentimientos pero, en ningún momento estando de acuerdo con su decisión. Por lo tanto, si personalmente estás pasando por una situación similar a la que se va a describir, pide ayuda. Siempre hay una alternativa.
Para la grandísima mayoría de los seres humanos, la muerte es algo que nos aterra. Pero para Hinako no es así. Es algo estable y permanente. Una idea que la acompaña en su día a día. Su presencia constante no le causa miedo. Lo acepta con la inevitabilidad de un deseo. No lo busca con desesperación; es por eso que aunque el suicidio se plantee como una opción, Hinako nunca la toma, haciéndonos entender la gravedad del asunto. Ni tan siquiera con tristeza. La protagonista no ve la muerte como un final absoluto, sino que para ella es, sencillamente, un descanso.
Pero, ¿qué es lo que representa para Hinako la llegada de Shiori? La materialización de un concepto. Hinako tenía claro su deseo, eso lo sabíamos desde el principio, pero era simplemente una certeza futura. Sin embargo, Shiori se presenta ante Hinako como la personificación de ese deseo. Ahora no es algo abstracto, es alguien con quien puede hablar. De repente, puede mirar a su deseo a los ojos y sentirlo presente. Y, paradójicamente, esto transforma por completo el mundo en el Hinako vive, incluso su forma de moverse en ese mundo.
Lo que This Monster Wants To Eat Me logra es algo realmente complicado: transmitir un sentimiento que suele silenciarse. Y con eso sí estamos completamente de acuerdo. Porque poner de manifiesto una verdad en lugar de esconderla simplemente porque resulte incómoda es algo necesario. Y aquí es donde este anime realmente ha calado en nuestros corazones. Porque nos muestra la realidad de una persona que quiere morir, sin romantizarlo ni maquillarlo. Y al tener conocimiento de una realidad podemos entenderla. Y partiendo de ahí, de la empatía, se puede salvar una vida —o alargarla a mordisquitos—.
Shiori y Miku: ¿oscuridad y luz?
Es realmente tentador interpretar a Shiori y a Miku como la oscuridad y la luz en la vida de Hinako. Pueden parecer la tentación y la salvación respectivamente, el monstruo y la amiga. Pero así no es la vida real. En el mundo hay monstruos, es cierto, pero muchas veces tienen motivos para serlo. Otras veces pueden haber hecho cosas terribles y, al mismo tiempo, ser magníficas personas para sus seres queridos. Es cierto que en nuestra realidad existen el blanco y el negro, pero también hay una gama infinita de grises. Tal y como ocurre con Shiori y Miku.

Por su parte, Shiori puede representar la oscuridad. Es exactamente aquello que Hinako desea, pero que no debería desear. Es literalmente un monstruo. Aparece como una asesina decidida a acabar con su vida. Pero, al mismo tiempo, hay una gran luz en ella. Una luz que ilumina el camino de Hinako. Al no pedirle que luche, que mejore, que encuentre razones para vivir, es precisamente eso lo que consigue: darle una razón para vivir más tiempo. Le ofrece una esperanza que le permite caminar por el mundo.
Miku, en cambio, representa la luz, el mundo de los vivos. Su amistad, su afecto, su cotidianidad, son un faro en la deriva en la que vive Hinako. Miku se preocupa constantemente por su amiga. Por encima de todo, quiere que Hinako esté bien, aunque a veces sea intensa, implacable y un poquito «pesada». Siente por su amiga un amor torpe pero genuino. Sin embargo, por más que lucha día a día, no logra que Hinako se abra realmente a ella. Y quizá sea eso precisamente, esa lucha constante e implacable, que no deja lugar a la comprensión, lo que impide que Hinako permita a Miku que la ayude.
Y con esto no queremos decir que nos posicionemos, ni mucho menos. No creemos que el amor de una sea mejor que el de la otra, ni que una ame bien y la otra mal. Simplemente hacemos notar el hecho de que son formas de amar radicalmente distintas. Ambas están plagadas de sombras y, a la vez, pueden iluminar el camino. Y se encuentran en una posición infinitamente dura. Amar a una persona que desea morir significa enfrentarse día a día a la posibilidad de perderla de forma inminente. Así que, nuestra admiración por ambas no ha hecho sino crecer según hemos ido conociendo más de ellas.
¿El amor como salvación?
Vivimos en un mundo plagado de historias que nos han hecho creer que el amor es la salvación. Que cuando llega el primer beso, todas las heridas se curan y que eso basta para encontrar el sentido a la vida cuando este parece haberse perdido. Sin embargo, This Monster Wants To Eat Me nos plantea una idea diferente, y que nos ha obligado a enfocar esta recomendación desde un punto de vista más analítico que entusiasta. Aquí el amor existe, sí. Es real, es intenso, incluso devastador. Pero no sabemos si va a ser suficiente.

Es más, este anime nos invita a reflexionar sobre algo que muchas veces se pasa por alto. Que sin el esfuerzo por entender, respetar y aceptar a la otra persona, el amor, por más fuerte que sea, no sirve para absolutamente nada. Hay cicatrices que ni siquiera el amor sabe cómo cerrar. Y eso no significa que haya que rendirse. Es crucial estar ahí, mantenerse al pie del cañón, no renunciar y, sobre todo, tener claro que no existe una varita mágica que lo vaya a solucionar todo de golpe.
Miku ama desde el miedo a perder, intentando anclar a Hinako a este mundo a base de insistencia. Sin embargo, muchas veces lo único que logra es asfixiarla. Y es que amar a alguien implica enfrentarse a la frustración de que, a veces, no podrás convencer a la otra persona de que haga lo correcto.
Shiori ofrece un tipo de amor que aparenta ser profundamente comprensivo. No parece querer convencer a Hinako de nada, solo acompañarla hasta el final. No promete un futuro brillantes solo respeto. Pero en esta forma de amar también observamos algo terriblemente peligroso: la renuncia a imaginar un mañana.

¿Cuál es la verdad que encontramos bajo la superficie? Que no sabemos si el amor será la salvación. Ni siquiera sabemos si hay una forma correcta de amar, en este caso ni en ningún otro. Hay ocasiones en las que el amor lo único que puede hacer es estar presente, aunque no signifique salvar ni ser salvado. This Monster Wants To Eat Me nos habla de esa responsabilidad emocional que no debemos eludir jamás, porque no sabemos lo que nuestro amor puede llegar a significar para la otra persona.
En esta historia, el amor no es una promesa de salvación absoluta. Es un gesto humano, humilde, imperfecto y hasta arriba de contradicciones. Da miedo, es inevitable, intenso y tiene más fuerza que un mar embravecido. A veces sutil, a veces desbordante… Y quizá todo eso sea lo que haga que se sienta tan real.
Conclusiones
Ahora que hemos terminado esta primera temporada no tenemos la sensación de haber llegado a un final. Simplemente parece que hemos acompañado a nuestras protagonistas en un tramo especialmente delicado de sus vidas. This Monster Wants To Eat Me no se ha despedido de nosotros con respuestas reconfortantes. Nos ha dejado con un silencio cargado de preguntas, miedos y esperanzas.

Lo que sí nos ha quedado claro es que no es un anime que pretenda impartir una lección en sentido clásico. Es una obra incómoda y que además, pretende serlo. Nos obliga a ponernos en el lugar de cada una de sus protagonistas. A plantearnos qué haríamos en su lugar, cómo nos sentiríamos. Y solo eso ya es algo de inconmensurable valor. Porque todo aquello que nos haga pensar en formas diferente de sentir ya nos hace crecer como personas.
Además, que se nos muestre el amor lésbico de una manera tan natural siempre es un gustazo. Es una maravilla cuando nadie tiene que «salir del armario». Vivimos en un mundo en el que cada vez es más obvio el hecho de que nadie tiene que ir por la vida con un cartel que anuncie su orientación sexual. Y esto es algo que se refleja de maravilla en This Monster Wants To Eat Me.
¿Vosotros habéis caído también en las profundas aguas de este anime? ¿Os habéis dejado seducir por este mar de sentimientos? Estamos deseando leer vuestros comentarios, ya sea por aquí o a través de nuestras redes sociales. ¡Un abrazo para todos, queridos seguidores de Hanami Dango!


























