¡Hola a todos los amantes del anime y el noveno arte de Hanami Dango! Hoy hablamos de un tema que ha levantado polémica en nuestro mundillo y tiene que ver con las nominaciones a mejor película de animación de este 2026. Sí, porque se ve que a alguien le siguen importando estos premios a día de hoy. La pregunta que nos hacemos es ¿por qué la Academia de Hollywood se niega a reconocer el éxito comercial del anime fuera de las fronteras niponas, tal y como sí lo hace la taquilla y, sobre todo, los fans?
Y sí, nos referimos a dos superproducciones como Chainsaw Man: El arco de Reze (Chainsaw Man – Reze-hen, Ryu Nakayama, 2026) y Kimetsu no Yaiba: La Fortaleza Infinita (Kimetsu no Yaiba: Mugen Jo, Haruo Sotozaki, 2026), que pese al respaldo de los espectadores, se han quedado fuera de la carrera por la estatuilla dorada.
¿Significa algo el Óscar de animación?
Para empezar, demos un poco de contexto: aunque los Óscar llevan entregándose desde 1929, la categoría de Mejor película de animación es relativamente joven. Fue introducida oficialmente en la 74.ª edición de los Premios Óscar, celebrada en 2002. El honor de ser la primera ganadora de la historia recayó en Shrek (Shrek, Andrew Adamson y Vicky Jenson, 2001), de DreamWorks, aunque luego nos sumiríamos en una incesante oleada de premios para Pixar/Disney (no fuera a ser que se premiase algo más original…).
Antes de que existiera una categoría oficial, la Academia reconocía hitos aislados, como el Óscar honorífico de 1938 para Blancanieves y los siete enanitos (Snow White and the Seven Dwarfs, David Hand, 1937) por su innovación o, durante los años 40, a clásicos como Pinocho (Pinocchio, Ben Sharpsteen y Hamilton Luske, 1940), Fantasía (Fantasia, varios, 1940) y Dumbo (Ben Sharpsteen, 1941). En 1996, se otorgó un premio especial a John Lasseter por Toy Story (Toy Story, 1995), la primera película creada íntegramente por ordenador.

¿Y cómo le ha ido al anime en esta categoría?
En la historia de este premio, el Studio Ghibli ostenta un lugar de honor. El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no Kamikakushi, Hayao Miyazaki, 2001) y El chico y la garza (Kimitachi wa Dō Ikiru ka, Hayao Miyazaki, 2023) son las únicas producciones de animación japonesa que se han alzado con la estatuilla. Por el camino, hemos tenido cintas notables más allá de Ghibli, como Wolf children (Ōkami kodomo no Ame to Yuki, Momoru Hosada, 2012) o Your Name (Kimi no Na wa, Makoto Shinkai, 2016), pero apenas han sido reconocidas por la Academia.
Nos queda pensar en si será por el temor a que el anime empiece a colmar las nominaciones, por la dificultad para leer subtítulos o por el extraño deseo de los estadounidenses de hacer remakes de acción real de cualquier cinta de animación y, por supuesto, en inglés.
Es irónico. En el libro Manga, Arcades y Karaokes: Cómo la cultura pop japonesa reinventó el mundo, Matt Alt detalla cómo el país nipón ha moldeado las fantasías del mundo moderno y ha transformado nuestra forma de vivir. Sin embargo, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos parece seguir anclada en una visión reduccionista de la animación.

A la vez, muchos espectadores parecen no comprender cómo funciona la industria de los premios: esto no va de reconocer qué película es mejor, sino de cumplir con un cribado apoyado sistemáticamente por el marketing. Recordemos la polémica del productor y agresor sexual condenado Harvey Weinstein, y no, no nos referimos a cómo Miyazaki y él se enfrentaron cuando Weinstein quiso recortar La princesa Mononoke (Mononoke Hime, Hayao Miyazaki, 1997) cuando adquirió los derechos de distribución de la cinta. Nos referimos a cómo hizo campaña de la forma más amoral posible para llevarse el Óscar con Shakespeare in love (John Madden, 1998). Por otra parte, en los últimos años, los Óscar han ido estableciendo nuevos criterios de selección siguiendo las modas ideológicas de turno. Al final, en los Óscar, lo que menos importa es la calidad de los filmes. Basta con ver cómo al día siguiente se comenta más el modelito de la actriz de turno en la alfombra roja, el comentario más soez o una cachetada de un actor a un presentador.

Para los Oscar 2026, las nominadas han sido Arco (France Cinéma 3), Elio (Pixar), K-Pop Demon Hunters (Sony), Little Amélie or the Character of Rain (Maybe Movies e Ikki Films) y Zootrópolis 2 (Disney). Pese a que ha habido más variedad que otros años, el premio se lo ha llevado precisamente una propuesta con altas dosis de Asia y nos referimos a K-Pop Demon Hunters (quien también se ha llevado el Óscar a Mejor canción).
Pero ¿qué tienen en común las nominadas? Ante todo, son historias autoconclusivas, salvo Zootrópolis. Aquí reside el primer gran bache para Denji y Tanjiro: la naturaleza de que ambas películas, tanto Chainsaw Man como Kimetsu no Yaiba, son continuaciones de sus series.



¿Son realmente películas?
Viajemos un momento al pasado. En 2020, la viabilidad financiera de la productora Ufotable se vio seriamente comprometida tras las acusaciones de fraude fiscal contra su fundador, Hikaru Kondo. Esta crisis obligó a la productora a replantear la estrategia de expansión de Kimetsu no Yaiba tras el arrollador éxito de su primera temporada. En una apuesta de alto riesgo, decidieron adaptar el siguiente arco, el del Tren Infinito, al formato cinematográfico en lugar de a la televisión tradicional.
El resultado fue histórico: Guardianes de la Noche: Kimetsu no Yaiba – Tren Infinito (‘Kimetsu no Yaiba: Mugen Ressha-hen’, Haruo Sotozaki, 2020) aprovechó la temprana relajación de las restricciones por el COVID-19 en Japón para pulverizar récords, convirtiéndose en la película de animación más taquillera de todos los tiempos hasta esa fecha.
La genialidad comercial no terminó ahí; Ufotable «troceó» posteriormente el filme para reeditarlo como una temporada televisiva, maximizando los beneficios mediante la venta de entradas, licencias de streaming y ediciones físicas de un mismo material.
Este movimiento no solo salvó al estudio de la quiebra, sino que instauró un nuevo modelo de negocio en la industria: el evento cinematográfico canónico, una fórmula que hoy replican ambiciosos proyectos como la trilogía de La Fortaleza Infinita o Chainsaw Man – El Arco de Reze.

Pero esta estrategia parece haber sido una de las debilidades de ambas frente a los Óscar, ya que uno de los principales argumentos esgrimidos en foros como Reddit y medios especializados es que tanto Chainsaw Man como Kimetsu no Yaiba funcionan más como episodios extendidos o arcos directos de una serie de televisión que como largometrajes independientes.
Para los votantes de la Academia (que a menudo ni siquiera ven todas las nominadas), una película que requiere haber visto dos temporadas previas de un anime para entender el peso emocional de un personaje es un obstáculo insalvable. Un espectador que no haya visto las series se preguntará desde cuándo en Japón el infierno es un edificio interminable con gente que cae desde las alturas y quién es esa chica rubia con cuernos rojizos que aparece dos veces en el film.
Sangre, vísceras y el sesgo de Disney
No podemos ignorar el elefante en la habitación: la clasificación R. Chainsaw Man: El arco de Reze es una gran película de acción y cierto gore visceral, pero su temática madura choca frontalmente con la preferencia histórica de la Academia por el cine familiar. Por un lado, aborda un tema como el despertar sexual y los romances adolescentes. Por otro, tenemos explosiones sin parar y momentos loquísimos.
Además, si nos centramos en la Academia, existe un desprecio sistémico hacia el anime comercial que no provenga del sello de Studio Ghibli, la única que parece haber descifrado el código de aceptación de Hollywood. Mientras que el anime es capaz de explorar nichos y demografías que Occidente apenas imagina, los Óscar prefieren mantenerse en la zona de confort del apto para todos los públicos.

Recordemos la polémica de 2022. Durante la 94.ª edición de los Premios Óscar en 2022, las actrices Lily James, Naomi Scott y Halle Bailey (conocidas por sus papeles en los remakes live-action de Disney) fueron las encargadas de presentar el galardón a Mejor Película de Animación. El guion de la gala incluyó un comentario que indignó a los profesionales: afirmaron que la animación era algo que los niños veían «una y otra vez», mientras que los padres simplemente tenían que «aguantar» y «soportar» el visionado.
La reacción de la industria fue inmediata y cargada de indignación. Figuras de la talla de Phil Lord y Christopher Miller (Spider-Man: Un nuevo universo) lideraron una protesta pública bajo la premisa de que «la animación es cine».
Esto nos recuerda uno de los mejores momentos de los Óscar de animación de los últimos años y que ocurrió justamente en 2023. Cuando Pinocho de Guillermo del Toro (‘Guillermo del Toro’s Pinocchio’, Guillermo del Toro y Mark Gustafson, 2022) se alzó con la estatuilla, el director mexicano no se limitó a dar las gracias. Lanzó un mensaje que resonó en todo el mundo: «La animación es cine. La animación no es un género para niños, es un medio».

¿Necesita el anime la validación de Hollywood?
La respuesta corta es: no. Es más, y si en vez de preguntarnos si Kimetsu no Yaiba y Chainsaw Man se merecían la nominación a mejor película animada, ¿por qué no nos preguntamos si los Oscar se merecen a ambas películas entre sus candidatas? Porque si algo ha demostrado la Academia entre diferentes polémicas es que los Óscar son unos premios que realmente importan poco para medir la calidad del séptimo arte.
Acaso, ¿cuántas películas ganadoras del Oscar son realmente recordadas? ¿Y cuántas injusticias se han cometido a lo largo de los años en diferentes categorías? ¿No es ridículo que el cine de animación caiga en una categoría cuando cuentan historias de diferente calado? ¿No es absurdo que no se tenga en cuenta como mejor película a secas filmes que han cambiado la forma de ver la animación como Spider-Man: Into the Spider-Verse?
Mientras que Hollywood mira hacia otro lado, Kimetsu no Yaiba ha sido coronada como Anime del Año en el Tokyo Anime Award Festival 2026 y Chainsaw Man ha cosechado varios millones en taquilla, a lo que se suma el auge de animes en todo el mundo. Si hacemos memoria, antes era muy raro tener una película de animación nipona de este estilo en nuestros cines, ahora ocurre cada vez con más frecuencia y los jóvenes espectadores ya no lo ven como algo tan inusual. Este es el verdadero termómetro del impacto cultural.
Como bien señala Matt Alt en su obra, los productos culturales de Japón no son solo éxitos de marketing; son herramientas para lidiar con tiempos difíciles que conectan a las personas de formas nuevas y profundas. Mientras Estados Unidos se embarca en nuevas guerras y en Japón el terror a la incertidumbre por el futuro golpea a los jóvenes y no tan jóvenes, el cine de animación, en especial el japonés, supone una forma de esperanza más brillante que ninguna estatuilla de falso oro.
¡Y hasta aquí el análisis sobre la polémica de los Óscar y el ninguneo a Denji y Tanjiro! ¿Tú qué piensas? Antes de que nos dejes tu comentario, te recuerdo las redes sociales de nuestra web. Podéis seguirnos en plataformas como Twitter, Bluesky, Instagram o Twitch. ¡Nos vemos en la próxima cola del cine para ver tu próxima peli de anime favorita!


























