¡Hola a todos, lectores de Hanami Dango de toda la galaxia! ¿Notáis cierta perturbación en la Fuerza? Eso es porque tenemos un mes muy galáctico por delante: hoy 4 de mayo se celebra el Día de Star Wars y finaliza la serie Maul: Shadow Lord, el 21 se estrena The Mandalorian and Grogu y el 25 de mayo es el Día del Orgullo Friki gracias al estreno de la primera película, ¿cómo no íbamos a dedicarle un post a la saga creada por George Lucas? En este caso hablamos de Estrellas perdidas, un manga que adapta la novela de Claudia Gray. ¿Estáis preparados para esta nueva aventura?

Hace mucho mucho tiempo…

En 1977, el mundo de la ficción cambió para siempre. Ese año se estrenó Star Wars: Una nueva esperanza y, con ella, George Lucas daría inicio a uno de los universos más importantes del género fantástico, una saga que ha marcado generaciones. Es imposible que alguien no haya escuchado hablar alguna vez de La Guerra de las Galaxias.

Uno de los aspectos claves para comprender el éxito de la saga es que George Lucas lo tuvo claro desde el principio: debía expandirla de todas las formas posibles. A lo largo de las décadas, hemos tenido todo tipo de obras relacionadas con la franquicia, desde sables láser hasta figuras, pasando por videojuegos y radionovelas, sin olvidar el lisérgico especial navideño que el propio Lucas intentó erradicar de la existencia, novelas como El ojo de la mente (la extraña continuación de la primera película si no conseguía dinero como para que hubiese una secuela) o cómics como las primeras adaptaciones que Marvel hizo de la primera película y que, cuando se quedaron sin material que adaptar, empezaron a inventar a personajes, como el conejo verde antropomórfico Jaxxon. Por tanto, no es de extrañar que Star Wars acabase llegando también al mundo del manga.

En 2013, con la venta de Star Wars a Disney, se dio pie a una nueva fuente de historias dentro de un nuevo canon. Las anteriores pasarían a ser consideradas Leyendas, mientras que las nuevas formarían parte de la continuidad oficial (hasta que, irónicamente, dejasen de hacerlo…). Entre las novelas publicadas estuvo Star Wars: Estrellas perdidas, de Claudia Gray, una escritora estadounidense conocida por la saga de vampiros Medianoche, nacida a raíz de Crepúsculo de Stephenie Meyer. De este modo, Disney y Lucasfilm buscaban con esta obra de 2015 atraer a otro tipo de lector a sus novelas del universo expandido. ¿Lo lograría?

Estrellas perdidas fue una novela de romance y aventuras dentro del Universo Star Wars. Hay un claro enemies to lovers (cliché adorado por los lectores del género) y tontea con la romantasy (romance + fantasía), dentro, eso sí, de la space opera. Puede que algún fan se quejase porque una escritora de novelas de romance paranormal entrase en la galaxia de Lucas, pero acaso, ¿nos olvidamos de que el componente romántico no estaba solo en las precuelas, con el romance de Padme y Anakin, sino también en la trilogía clásica, con Leia y Han? Por suerte, Claudia Gray resultó ser una gran fan de la saga desde que vio la primera película con siete años y ya había escrito varios fanfics sobre la misma. Contra pronóstico, Estrellas perdidas fue un éxito.

«Me preguntaba un poco cómo recibiría la gente la novela, al tratarse de una historia de amor, pero las reacciones de los lectores han sido maravillosas. Muchos chicos le dieron una oportunidad a ese libro y acabaron disfrutándolo, y no tardaron en decir: «Oye, tenía una idea preconcebida sobre este libro, pero me equivoqué, y me ha gustado mucho por x e y». 

Claudia Gray en una entrevista a The Mary Sue.

Eso llevó a que más tarde Lucasfilm decidiese adaptar la serie a formato manga con Star Wars: Estrellas perdidas, escrita y dibujada por la mangaka Yūsaku Komiyama, quien decidió conservar el aire romántico a la par que la espectacularidad de la saga.

Portada de la novela superventas Estrellas perdidas. En nuestro país, ha sido editada por Planeta, igual que su adaptación al manga.

… en una galaxia muy muy lejana

Thane y Ciena son dos enemigos acérrimos. Él es un joven piloto de la Alianza Rebelde. Ella es una de las capitanas del Imperio Galáctico. Sin embargo, en el pasado, ambos fueron amigos que lucharon por escapar de su planeta natal, sumido en la pobreza, para unirse a la Academia Imperial y servir a las órdenes del Emperador en la cruenta guerra civil que está asolando toda la galaxia.

Dentro de la Academia, Thane y Ciena descubrieron las entrañas del Imperio. Mientras que Ciena pudo aceptar el yugo del Emperador y sus siervos, como Darth Vader o Tarkin, Thane no. Él decidió desertar y unirse a los rebeldes, aunque eso llevase a que su amistad con Ciena se rompiese.

Así, Thane y Ciena pasaron de amigos a enemigos y rivales, pero de ese odio, ¿podría resurgir algo tan inesperado como el amor?

Esa es la premisa de la historia y lejos de quedarse en la simple novela de fantasía romántica juvenil, tenemos un homenaje a Star Wars con toques de Romeo y Julieta que encaja extrañamente bien.

Primero, porque Claudia Gray y seguramente el Story Group de Lucasfilm (los guardianes de la continuidad) asesoraron bien a la escritora. Segundo, porque se percibe el fervor de Komiyama por hacer una buena adaptación de la novela, que transcurre entre los eventos de La venganza de los Sith, Rogue One, Una nueva esperanza y El Imperio contraataca, lo que hace que sea una pieza muy interesante en el canon. Así, tenemos cameos de personajes como Tarkin, Darth Vader, Han Solo, Leia… Momentos que nos sirven para ver la gran historia desde la perspectiva de esos secundarios, a menudo, sin nombre, que vemos en segundo plano en las películas.

Por otra parte, la novela y el manga son capaces de dar nombre e historia a los secundarios. Si en Una nueva esperanza la destrucción de Alderaan es narrada a través de la reacción de Obi-Wan, en Estrellas perdidas podemos ver una escena dramática que evoca a los horrores reales causados por la bomba atómica de Hiroshima o Nagasaki

La terrorífica destrucción de Alderaan, narrada desde el punto de vista de los habitantes del planeta de la princesa Leia.

Amigos, enemigos y amantes trágicos

El primer tomo de la adaptación se arriesga con un gran flashback que narra el pasado de Thane, pero lejos de resultar cargante, lo que consigue es presentarnos a un personaje complejo dentro de un contexto que condena a todos los personajes a la destrucción. Si algo consigue este tomo es dar vida a lo que tenemos entre bambalinas de la trama principal de los Skywalker.

Al igual que la serie Andor, Estrellas perdidas propone una visión menos simplista del conflicto entre el Imperio y la Rebelión. En lugar de presentar un enfrentamiento entre buenos y malos, introduce matices que complejizan a ambos bandos. Los rebeldes, por ejemplo, ya no aparecen como figuras intachables, sino como un grupo dispuesto a tomar decisiones difíciles e incluso moralmente cuestionables en determinadas circunstancias. 

Por su parte, el Imperio se muestra desde un ángulo especialmente interesante: en planetas marcados por prejuicios y sistemas de castas muy arraigados, ofrece una supuesta «igualdad» que elimina esas diferencias sociales. 

Sin embargo, esa promesa conlleva un alto coste, ya que implica aceptar un régimen autoritario. De este modo, el manga pone el foco en personas corrientes, alejadas de los grandes héroes. Son personajes que actúan según sus propias convicciones y que, aunque no siempre tomen las decisiones correctas, creen estar haciendo lo mejor posible en un contexto complejo.

En Estrellas perdidas tendremos cameos de muchos de nuestros personajes favoritos de la franquicia. Un poco de fanservice no hace daño a nadie, ¿no?

Amar en tiempos de guerra

El segundo tomo reivindica esa idea de que Star Wars es un gran mosaico de historias. Si fuera una página escrita, varios nombres o conceptos serían enlaces que nos llevarían a otra historia. Sin embargo, es una obra que, a partir de varios autores, se está volviendo infinita y lo está haciendo en varios formatos. Mientras que, por ejemplo, Rowling ha mantenido muy atado su mundo mágico, Lucas (y ahora Disney) dejan que el Universo Expandido dé historias a personajes como Thane, Ciena, Kendy, Jude, Nash y otros que, dentro de la gran saga, son secundarios, pero cumplen con su papel dentro de esta historia. Esto hará que Star Wars siga siendo una obra generacional.

Aquí se abordan las consecuencias inmediatas de la destrucción del planeta Alderaan, un punto de inflexión que empuja a Thane a abandonar el Imperio, mientras Ciena emprende su búsqueda. Todo ello ocurre en paralelo a otro gran acontecimiento: la destrucción de la Estrella de la Muerte. El relato no rehúye la dureza de estos hechos y plantea una idea incómoda pero interesante: tanto el Imperio como la Alianza Rebelde cargan con decisiones que implican un alto coste humano. Así, las victorias y derrotas de Una nueva esperanza se reinterpretan desde la perspectiva de la gente corriente, lejos de los grandes héroes.

Estrellas perdidas sabe jugar con algunos de los clichés de la romantasy, lo que permite conectar con un nuevo sector del público

En este contexto, Thane y Ciena sellan una promesa que marcará su destino: él será dado por muerto, lo que permite al Imperio dejar de buscarlo, mientras que ella conocerá la verdad sobre su deserción. Sin embargo, el tiempo pasa y Thane acaba uniéndose a la Alianza Rebelde, lo que conecta directamente con la Batalla de Hoth en El Imperio contraataca, punto de partida del primer tomo.

El manga muestra cómo los caminos de los distintos personajes vuelven a cruzarse, pero también cómo sus diferencias se han vuelto prácticamente irreconciliables en medio del conflicto. Lo que podría haberse quedado en un simple ejercicio de fanfic acaba funcionando como una aportación sólida al universo de Star Wars.

Aun así, este segundo tomo acusa en parte su carácter de transición dentro de la historia. Pese a ello, ofrece momentos destacados y algunos cameos bien integrados (como el de Darth Vader) que encajan con naturalidad en la continuidad de la trilogía original. Además, explora temas que, por limitaciones de tiempo o enfoque, apenas se desarrollaban en las películas.

La alargada sombra de Vader se cierne sobre los protagonistas de nuestra historia.

Las cenizas de la guerra

El tercer tomo de Estrellas perdidas adapta el último acto de la novela. El ritmo se acelera: pasamos de la construcción (y destrucción) de la Segunda Estrella de la Muerte a la lucha por liberar Naboo y la Batalla de Jakku que concluirá oficialmente la guerra civil galáctica en el nuevo canon. Y, a su vez, se nos relatará la caída de Ciena y la lucha de Thane como piloto rebelde.

Este tercer tomo cierra la historia de forma funcional, pero lo hace con un ritmo tan precipitado que termina jugando en su contra. Hay una sensación constante de que los acontecimientos se suceden demasiado deprisa, sin el espacio necesario para que el lector asimile su peso emocional. El resultado es una conclusión que cumple, pero que podría haber sido mucho más contundente con algo más de desarrollo.

Además, quedan varios hilos abiertos que refuerzan esa impresión de cierre incompleto. El caso más evidente es el del desagradable imperial Nash Windrider, cuyo destino queda en el aire y parece más una semilla para futuras historias que una decisión narrativa satisfactoria dentro de este arco.

El clímax, eso sí, tiene fuerza. La conexión con el destructor imperial que vimos semienterrado en El despertar de la Fuerza funciona como gancho, y el relato de cómo terminó allí aporta contexto interesante. Sin embargo, incluso aquí pesa la falta de pausa: la tragedia de los dos protagonistas (el núcleo emocional de la obra) no termina de respirar todo lo que debería.

Donde la obra sigue brillando es en su mirada a los personajes secundarios y a la gente corriente. Ejemplos como el de un imperial de Alderaan que justifica la destrucción de su propio planeta, en línea con lo visto en Una nueva esperanza, refuerzan esa voluntad de explorar las zonas grises del conflicto. Es en estos detalles donde la serie demuestra todo su potencial.

En conjunto, con sus tres tomos, Estrellas perdidas ofrece una aventura satisfactoria en formato de manga, aunque perdura la sensación de que nos falta otra novela de Claudia Gray para resolver los hilos sueltos y que pueda ser adaptada al manga por Komiyama.

El destructor imperial que vimos en El despertar de la Fuerza posee su «propia historia» gracias a Estrellas perdidas.

Un Star Wars manga

La relación entre el manga y Star Wars no es, ni mucho menos, algo nuevo. A lo largo de los años hemos visto adaptaciones de la trilogía original (con autores como Hisao Tamaki), incursiones dentro de laAlta República e incluso historias centradas en personajes concretos como Chirrut Îmwe, de Rogue One. Más allá de la anécdota, lo verdaderamente interesante es observar cómo este intercambio cultural cierra, como diría Vader, un círculo.

Star Wars nació, en gran medida, de una mezcla de influencias donde el cine de samuráis tuvo un peso fundamental. George Lucas se inspiró directamente en el cine de Akira Kurosawa, llegando incluso a considerar a Toshiro Mifune para el papel de Obi-Wan Kenobi. A esto se suma una iconografía tan reconocible como la armadura de Darth Vader, claramente influenciada por la estética samurái. Desde entonces, la franquicia no ha dejado de establecer vínculos con la cultura asiática, ya sea a través de personajes como Ahsoka Tano o proyectos como Star Wars Visions. La franquicia regresa al país nipón a través del manga, generando un diálogo creativo que resulta especialmente llamativo, como lo es el caso de Estrellas perdidas.

«Star Wars, la historia en sí, se parece mucho al formato del manga shonen para chicos japoneses», declaró Komiyama en una entrevista al portal de Star Wars. «Creo que las películas se adaptan muy bien al manga. Hay personajes como R2-D2 y Vader, que son personajes realmente sólidos. Basta con verlos una vez para que se te queden grabados en la memoria, y eso encaja muy bien con el formato del manga».

El dibujo de Yûsaku Komiyama es lo suficientemente interesante como para reinventar a los personajes y sus entornos de la saga en clave de manga, sin caer en la pereza. Por un lado, posee una narrativa correcta y, por otro, logra respetar el espíritu de Star Wars y se percibe el mismo trabajo que hizo Gray con la continuidad, en cuanto a adaptar naves, mundos y otros diseños que ya conocemos de las películas, series, etc. Y eso que Komiyama no era fan de la saga antes de empezar a dibujarla, tal y como declaró en una entrevista:

«Hasta un año antes de empezar a dibujar el manga, no había visto las películas. Empecé a verlas y al instante me convertí en fan. Me volví adicta».

Al igual que Estrellas perdidas buscó en su formato novela a nuevos lectores y lectoras, la adaptación al manga pretendió atraer a los lectores habituales del formato del cómic nipón y acercar de nuevo Star Wars a Japón, fuente de multitud de mitos que alimentaron la historia que George Lucas creó hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana. ¿Y qué es lo mejor? Que lo consiguió.

«Nadie conoce nunca toda la verdad. Por eso las promesas tienen sentido. De lo contrario, serían demasiado fáciles, ¿no te parece? Miramos hacia un futuro desconocido y prometemos ser fieles pase lo que pase».

Claudia Gray, Estrellas perdidas.
Los tres tomos de la adaptación al manga siguen disponibles en Planeta Cómic.

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