¡Bienvenidos, lectores y lectoras de Hanami Dango! Hoy os traemos un post algo diferente, vagaremos por los caminos literarios que nos ofrece One Piece y relacionaremos la obra de Eiichirō Oda con la Odisea de Homero, examinando las diferencias y similitudes entre ambas. Dicho esto, ¡subamos al barco y zarpemos!
Un gran enemigo: el mar
En la Odisea se canta (y se cuenta) el retorno de Ulises (u Odiseo, se alternarán los nombres a lo largo del post) a Ítaca tras la guerra de Troya, surgida tras el rapto de Helena por Paris. One Piece narra la historia de la búsqueda del legendario tesoro que dejó el Rey de los Piratas, centrada en las aventuras que viven Monkey D. Luffy y sus compañeros. Ambas obras cuentan la historia de un viaje a través del mar en busca de un tesoro: para Ulises su patria (al menos en apariencia), para Luffy el One Piece (y la consecución de su sueño).
O quizá todo lo anterior sea en parte mentira, al igual que los que se nos ha contado acerca de Homero, quien quizá no fue el autor de la Odisea, las posibilidades de que quien la escribiese fuese una mujer son altas o que fuese ciego. En cualquier caso, lo que más discutible parece es que la Odisea, cantada por tantas voces, cante únicamente el regreso de Ulises a Ítaca.
De hecho, las aventuras de Odiseo ocupan, como mucho, una quinta parte de la obra. El resto cuenta las vivencias de Telémaco y la activa y larga espera de Penélope. Esto también ocurre en la obra de Oda, donde usa una narrativa centrada en los Sombrero de Paja, y la alterna con otras historias que enriquecen la trama principal, llenándola de dinamismo y vitalidad.
Otra similitud que guardan entre sí las dos obras es uno de los principales enemigos: el mar. En la obra de Homero, Ulises vaga por el mar a voluntad de los dioses, el ejemplo más claro –y por no extendernos más de la cuenta– es la condena impuesta por Poseidón a Ulises, el cual tras haber cegado y engañado a su hijo, el cíclope Polifemo, es condenado por el dios a vagar y enfrentarse al mar diez años más hasta llegar a Ítaca, perdiendo de esta manera a sus compañeros y tripulación.

Es cierto que el poder de los dioses actúa en las obras como agentes externos que permiten que la historia avance, así más tarde, Atenea se encaprichará con que Odiseo vuelva a Ítaca, y así será. En One Piece, el Log Pose funciona de manera similar, este indica el camino cuando quiere o cuando la historia lo necesita y siempre a conveniencia para un propósito mayor (conocer un nuevo personaje, derrotar un enemigo, desarrollar una subtrama, etc.).
Sin embargo, al igual que en la Odisea, el mar, siempre bravo, puede volverse en contra de los personajes y desviarlos del camino o incluso concederle el beneplácito de llegar a la Isla del Cielo. Es decir, el mar es en One Piece, al igual que en la Odisea, un factor clave para que la trama se desarrolle como el autor quiere, de manera que no resulte inverosímil para el desarrollo de la historia.
Además, como se ha explicado anteriormente, el mar guarda grandes peligros para todos aquellos valientes que se animen a navegarlo. Así, como se comentaba antes, Ulises pierde a todos sus compañeros por la agresividad de la naturaleza o los enemigos fantásticos que en él se encuentran. En la obra de Oda, el peligro del mar existe para todos los navegantes, pero se incrementa para aquellos que se comieron una fruta del diablo: si caen al mar no tienen la capacidad de valerse por sí mismos.

La importancia de la comida
Es común en la obra de Homero que cuando Telémaco o Ulises llegan a una isla se les ofrezca comida y techo, y, después, se pregunte la identidad del viajante. En One Piece rara vez ocurre eso, es más bien todo lo contrario: Luffy y sus compañeros son los que buscan compartir su comida con los demás aunque no los conozcan.
La respuesta de esta diferencia es clara: Ulises es un héroe, el Sombrero de Paja un pirata perseguido. Pero también un glotón; es por esta razón que cuando se le ofrece comida (recordemos a Tama) defenderá a esa persona hasta el final. La razón no esconde complejidad ninguna: Luffy es consciente de su propio ser y sabe que nadie le daría comida si conociese su identidad, por eso Tama (una niña) sí lo hace, por su inocencia, por su amabilidad y por su propia hambre.
Esa diferencia no tiene que hacer mella en la relación que guardan Odiseo y Luffy: el prototipo de héroe grecolatino evoluciona, cambia, metamorfosea, en definitiva, se adapta a los tiempos actuales. Ese proceso es el que se presencia al observar las dos obras: Oda consigue evolucionar lo clásico a favor de los tiempos actuales; en estos términos, no copia sino que hace evolucionar la trama desde su realidad.

El viaje (o una traducción de nakama)
Como ya se ha dicho antes, son muchas las similitudes que existen entre las dos obras, pero hay una diferencia abismal en una: cómo se realiza el viaje. Ulises lo realiza prácticamente solo: deja morir a sus hombres constantemente, porque solo tiene un objetivo en mente (volver a Ítaca) y ninguna vida vale más que la suya (aunque él se divirtiera durante los veinte años que estuvo de viaje, como defienden varios estudiosos y concreta Margaret Atwood en La versión de Penélope).
Esto habla de un momento concreto de la historia de la humanidad, donde queda poco de lo que una vez fue la convivencia en comunidad y el individualismo, el εγώ (ego), comienza a prevalecer por encima de cualquier cuestión. Así, parece que la única y verdadera razón que tiene para volver a su amada Ítaca es que no le roben sus posesiones, incluida a su mujer, y no un sentimiento de amor hacia su patria ni a su gente.
En el lado opuesto está Luffy, que desde el principio de la historia reconoce la necesidad de viajar acompañado. Esta premisa parte del autoconocimiento, Sombrero de Paja sabe que por muy fuerte que sea hay ámbitos en los que no tiene aptitudes necesarias como para aguantar una larga travesía en el peligroso mar.

Es por eso que requiere de nakamas, que podemos traducir, en este contexto sobre todo, como ‘compañeros’, pues su etimología nos viene perfecta para la ocasión. La palabra procede de la unión latina entre cum (con) y panis (pan), que dio como resultado companio, es decir, ‘los que comparten el pan’. Además, dada la importancia de la comida en la obra –comentada arriba– la traducción es aún mejor.
La necesidad de tener compañeros, de volver a la comunidad, de dejar de lado el egoísmo que nos ha precedido, de luchar por un objetivo común, de dar lo mejor de ti para que el otro también crezca, de hacerle la vida más fácil al igual; de todo eso nos habla el viaje de Luffy y sus compañeros. Es una travesía en comunión, con sus dificultades, pero donde la unión, y la fuerza que esta aporta, prima ante la idiotez (véase la etimología griega) de un hombre que actúa solo y tarda diez años más en volver a su casa.
El héroe y la humanidad
Son varias las veces en las que Sombrero de Paja afirma que él no es ningún héroe, pero, ni aunque el mismísimo Oda lo dijese, tendría que importarnos. Vamos a trazar una línea entre ambos protagonistas, Odiseo y Luffy.
Las hazañas de Ulises son contadas con gran grandilocuencia, reportándole la mayor estrategia contra los troyanos y la causa de la victoria de la guerra que se canta en la Ilíada, la entrega del Caballo de Troya. Ennobleciéndolo en ingenio, engaño y capacidad en la batalla a pesar de su caminar arrítmico y su determinación inquebrantable –y cuestionada– para volver a casa.

Se nos asimila como un ser poco humano, como comentaremos a continuación: pocas veces plantea cuestiones sentimentales, pues ya hemos defendido, y ahora aclaramos, que para Odiseo volver a su patria es una cuestión de honor, de proteger sus propiedades, desde humanas: Telémaco, su hijo, Penélope, sirvientas y esclavos; a animales y su propia casa. Es decir, el único sentido de volver a casa es el tener: en el mundo griego quien no posee, no es nadie, y eso es lo que verdaderamente aterroriza a Ulises.
Luffy, sin embargo, no tiene nada y ahí radica su propia libertad; el héroe, ahora, es un pirata. Lo único que tendrá que defender será su única debilidad: sus compañeros. Comenzar el camino sin ninguna propiedad que salvaguardar es lo que hace verdaderamente rico su viaje, así lo hacen también los hermanos Elric. No volverá a volver a Makino, Dadan o Laboon porque sean de su pertenencia, si no porque existe entre ellos un lazo de afecto digno de merecer la vuelta al mundo.
Frente a un mundo individualista y centrado en la propiedad como el de Ulises –por desgracia, también el actual–, Oda destruye ese punto de partida. De nuevo, observa la realidad que le rodea y construye a partir de ahí: la salvación no está en las posesiones que tengas en tu tierra, si no en aquello que haga de ella un lugar al que volver, un hogar.

Los que sufren en silencio
Margaret Atwood (El cuento de la criada) en La versión de Penélope nos cuenta, en un ejercicio literario precioso y preciso, lo que ocurrió en Ítaca mientras Ulises no estuvo, incluso cómo fue su casamiento con él. Esta narración entronca con la supuesta autoría por parte de una mujer de la Odisea, pues en esta se nombran, entre otras cosas, trabajos muy concretos de las mujeres. Y también daría una relectura a todas las acciones de Odiseo, para lo que recomendamos la lectura del escrito de Atwood.
Aquí vuelven a acercarse de nuevo las dos obras, ambas se sienten más humanas: los que esperan, aunque sea una ballena de dimensiones gigantescas, se sienten más cercanos a lo que pueda sentir Telémaco ante la espera por la vuelta (o ante la duda de la muerte) de su padre. La razón por la que no varía es clave: la esencia humana sigue siendo la misma 3000 años después.
Nuestra capacidad de añorar es francamente humanizante. El sentimiento, y más cuando es padecido con fuerza, es decir, patéticamente –que en términos griegos significa «sentimiento profundo»–, nos iguala. Nada es más humano que la compasión, por supuesto, no en términos cristianos, por eso somos capaces de ponernos en la piel de aquel que extraña a alguien con facilidad, lo sentimos como parte de nosotros mismos y aporta verosimilitud al relato.

One Piece, un clásico universal
«Clásico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad» (Borges, «Sobre los clásicos», Otras inquisiciones. 1952). El autor argentino termina así su artículo en el que divaga sobre qué o cuáles son los libros clásicos. Pues bien, One Piece ya es un clásico literario.
Primero porque cumple todo lo que dice en la cita, y, es más, cada vez se lee más y parece no acabarse su propaganda (lo mismo ocurre con Naruto, que ha sido el anime más visto en Netflix en la primera mitad de 2025). Además hay que añadir el fenómeno global: la obra de Oda se lee (y ve) en todo el mundo.
Hay dos factores más que suelen acompañar a los clásicos: su dificultad y extensión. Aunque no todos los clásicos son especialmente extensos (hoy día hay libros más largos que La metamorfosis y que se leen más rápido que la obra de Kafka), suele ocurrir que si ambas características se aúnan en torno a una obra que está calificada de clásica, producen verdadero terror y se convierte en una barrera difícil de poder pasar para el lector.

Pero a veces se olvida que los clásicos en su momento no lo fueron, y seguramente fueron publicaciones con más miedo a ser rechazadas que predestinadas a marcar un nuevo hito: hay que perderle el terror a la palabra clásico. One Piece es extensa y compleja, aunque a veces se vista con una simplicidad externa para parecer más golosa; en eso Oda es un genio.
Podríamos hablar del factor popular también, algo que ya hicimos en este post en el que hablamos de One Piece y el realismo mágico, pero no está mal un recordatorio para aquellos que piensen que por popular una obra no merece la consigna de clásico: el Quijote, las obras de Lope, los poemas de Miguel Hernández; no sean tan reaccionarios.
Hasta aquí este post relacionando la Odisea con One Piece, obras distanciadas por casi 3000 años pero con muchas similitudes. ¿Qué os ha parecido? ¿Os gustarían más publicaciones de este tipo? Os leemos en comentarios y por Twitter. También podéis seguirnos en Instagram, Twitch o en nuestro canal de Discord. ¡Nos leemos en la próxima!


























