¡Hola a todos, lectores de Hanami Dango! Hoy os traemos una entrevista muy especial con Álvaro López, creador de Generación Ghibli, un espacio de referencia en redes sociales para la obra del famoso estudio nipón.

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Portada del libro MUJERES DE GHIBLI de la editorial Diábolo Ediciones.

Todo empieza en 1985. Mientras la burbuja económica japonesa comenzaba a resquebrajarse, en Madrid llegaba al mundo un niño cuya mirada acabaría orientándose hacia la animación del País del Sol Naciente. Álvaro López no se limitó a estudiar Imagen y Sonido; emprendió la búsqueda de un lenguaje emocional que le llevó a criarse con joyas como Mi vecino Totoro(1988), La princesa Mononoke (1997) o El viaje de Chihiro (2001), todas ellas joyas del gran genio de la animación que es Hayao Miyazaki. Hoy, el creador de Generación Ghibli se sienta con nosotros para analizar el legado de Hayao Miyazaki, el impacto de la tecnología en el arte y el panorama actual de la animación japonesa.

El despertar de un fan: de los foros a la divulgación

En 2003, Álvaro vio su primera película del estudio: El viaje de Chihiro (2001). «La sentí como algo maravilloso y distinto a todo lo que había visto, me fascinó su atmósfera, su tono, su mensaje, su delicadeza, sus personajes… un poco todo». afirma. 

Sin embargo, fue en 2006, con El castillo ambulante (2004), cuando la curiosidad se convirtió en pasión: «Fui al cine a verla y realmente fue la que me hizo fan del estudio porque, ahí ya sí, investigué en Internet, conecté con otros fans en un foro y empecé a saber que su director era Hayao Miyazaki y detrás estaba un Studio Ghibli que era muy particular».

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Portada del libro ANTES DE MI VICENO MIYAZAKI de la editorial Diábolo Ediciones.

En aquella época, los foros de internet eran un espacio para que los fans compartiesen su pasión por aquello que adoraban. Nuestro protagonista comenzó a participar activamente en un foro de fans llamado Studio Ghibli Fórum en el que eran bastante pocos pero muy activos. «Con el tiempo me di cuenta de que había un montón de cosas que investigaba y las ponía en el foro que me parecían interesantes». 

Esa labor de fan en foros y blogs culminó en 2010 con el nacimiento de su página web. «Lo hice por pura afición y pensando que lo leerían cuatro gatos, la verdad». confiesa. Sin embargo, como en las mejores historias, pronto la realidad superó las expectativas. «Me sorprendió que creciera bastante rápido y, de hecho, me agobió al principio porque sentía responsabilidad de hacerlo bien al llegar cada vez a más gente, era entre emocionante y estresante. Y ojo que hablamos de, a lo mejor, tener cincuenta o cien visitas diarias, que eso ahora suena irrisorio». 

Con el tiempo los blogs empezaron a pasar de moda, pero su pasión por Ghibli seguía intacta y se centró en las redes sociales. Pero ¿por qué Miyazaki le llamaba tanto la atención al público y a él? «Creo que es una mezcla de fascinación por lo exótico y un mensaje universal, aparte de un arte muy depurado y ya podríamos entrar en muchas otras consideraciones cinematográficas que hacen que el cine de Hayao Miyazaki en particular sea tan atractivo». 

La esencia de Miyazaki

Sobre la popularidad de Ghibli en Occidente, Álvaro destaca que películas como La princesa Mononoke (1997) o El viaje de Chihiro (2001) presentan mensajes sobre la convivencia con la naturaleza o la maduración personal sin caer en el dogmatismo:«transmiten todo ese inmenso conocimiento que tiene su director sobre historia y arte, por lo que es capaz de condensar en una obra la sencillez con lo realmente reflexivo o filosófico».

Esto es lo que hace que películas de animación asiáticas triunfen en el resto del mundo. «Tanto Mononoke como Chihiro son dos películas profundamente japonesas, pero de un mensaje universal sobre la convivencia entre humanos y naturaleza en el caso de la primera, y sobre la maduración personal en la segunda».

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Portada de la 10ª edición del libro MI VECINO MIYAZAKI de la editorial Diábolo Ediciones.

Sin embargo, descifrar al hombre detrás de la cámara no es sencillo. En su libro La vida según Hayao Miyazaki (Diábolo Ediciones, 2024), explora esta complejidad. «Hacer un libro sobre él es encontrarte entrevistas en las que dice una cosa y la contraria. Creo que es muy dado a ser evasivo en ciertas declaraciones públicas». La clave no está en sus palabras, sino en sus fotogramas: «La personalidad y las opiniones más profundas y sinceras de Hayao Miyazaki están en sus películas, es donde él se siente más libre para expresarse».

En internet se han popularizado otras de sus declaraciones, apareciendo como una figura en ocasiones gruñona o taciturna. Eso nos lleva a preguntarnos de qué hablaría Álvaro López si conociera al creador. «Seguramente le daría las gracias por todo lo que ha aportado al cine, a la cultura y al mundo en general. Le diría que creo que sus películas han cambiado la vida a mucha gente, han ayudado, entretenido, y han hecho mucho bien».

Miyazaki ha anunciado varias veces que se jubila, pero sigue regresando al cine una y otra vez. El viento se levanta (2013) o El chico y la garza (2023) son dos obras que lo han sacado de su retiro. 

No es algo ‘nuevo’», ya que, en 1997, Miyazaki pretendió jubilarse tras el desgaste físico y psicológico que le supuso la realización de La princesa Mononoke. «Es incapaz de retirarse porque no puede estar sin trabajar, es lo que ha hecho toda su vida y él mismo lo terminó reconociendo, que tras su última película ya no iba a anunciar ningún retiro porque se había dado cuenta de que no podía dejarlo. Efectivamente, el trabajo es su vida. Ahora no olvidemos que acaba de cumplir 85 años y biológicamente es complicado que asuma un nuevo proyecto (El chico y la garza tardó siete años en completarse), pero ni el productor Suzuki ni él han descartado nada».

El desafío de la IA y el futuro de la animación

En los últimos meses, se ha popularizado una declaración de Hayao Miyazaki donde tilda a la IA de ser «un insulto a la vida». Aunque cabría pensar que es reciente, forma parte de un documental de antes del auge de las diferentes inteligencias artificiales. 

Justamente Ghibli fue masacrada por la generación de imágenes de ChatGPT, cuando una ola de usuarios imitaron a Sam Altman, CEO de OpenAI, quien pidió a su IA una imagen al estilo Ghibli y la utilizó de perfil. «El boom de las imágenes al ‘estilo Ghibli’ de ChatGPT fue inesperado para mí. Entre los más fans de Studio Ghibli, creo que mayoritariamente no fue bien recibido. En mi opinión, representa todo lo que no es Studio Ghibli: la automatización del arte, la falta de originalidad y la superficialidad».

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Esta defensa de la artesanía también se refleja en su visión sobre el 3D en el anime. Sobre Earwig y la bruja (Gorō Miyazaki, 2020), opina que «es un despropósito» (aunque a ello también contribuyó el torpe guion). Sobre su director, el hijo de Hayao Miyazaki reconoce que tiene un perfil complejo desde su debut con Cuentos de Terramar (2006) y su mejora en La colina de las amapolas(2011). «¿Es actualmente Gorō Miyazaki un buen director de anime? Yo creo que simplemente es correcto, pero su apellido y su trayectoria hacen que se adulteren tanto sus virtudes como sus defectos».

Siguiendo con el debate, sostiene que el 3D no siempre se ha llevado bien con la animación japonesa, pese al éxito de películas como The First Slam Dunk (T2022) o Lupin III: The First(2019). «Creo que hay un tira y afloja entre la industria, que pretende imponer el 3D porque es más barato; y el público que no acepta perder una de las características esenciales del anime. Ahora mismo estamos en un periodo híbrido que se ha consolidado como es el anime dibujado a mano pero ayudado con todos los avances digitales y un 3D digamos que poco intrusivo, que se integra en la animación tradicional».

Del ensayo a la estantería

Con nueve libros publicados, Álvaro describe la escritura de ensayo como un «ejercicio de fe y paciencia». Desde analizar el imaginario del estudio en Mi vecino Miyazaki (2014) y Antes de mi vecino Miyazaki (2016) hasta profundizar en El viaje de Chihiro: nada de lo que sucede se olvida jamás (2017), tiene claro que el proceso es solitario.

«Después de nueve libros publicados, aún no sé decir muy bien cómo una idea se termina convirtiendo en un libro que llega a las tiendas. Es casi magia eso de estar tú encerrado en casa con tus ideas, tus frustraciones, tus días buenos y malos, escribiendo cosas que parecen solo tuyas y que no van a salir de ahí y que, de pronto un día lo terminas y, pocas semanas después, está en manos de cientos y miles de personas. En serio, desde este lado se siente muy raro. Por no decir ya lo de las presentaciones, firmas de libros, charlas, entrevistas y demás», nos cuenta.

Su labor también abarca la estética visual en Carteles de anime (2023). Al comparar el anime con el live action en el mundo de los pósteres, señala: «Supongo que tiene que ver con la propia esencia del anime: es un arte dibujado, por lo que es más fácil expresar ese arte en un cartel».

Más allá de Miyazaki

Tras el fallecimiento del director Isao Takahata, muchos han reivindicado el papel del director de La tumba de las luciérnagas (1988) o El cuento de la princesa Kaguya(2013). «Yo también creo que Miyazaki y Takahata se complementaron durante muchos años, en sus películas pero también en su complicada relación personal y profesional. Lo que no creo es que quedara eclipsado por Miyazaki, sino que Takahata nunca quiso ser como Miyazaki. Takahata fue lo que quiso ser: un innovador, alguien que buscaba nuevos lenguajes en la animación y hacer algo tan anacrónico como contar la realidad en películas animadas».

Portada del libro EL UNIVERSO DE MAJOTO SHINKAI de la editorial Diábolo Ediciones.

Al mirar al resto de la industria, Álvaro lamenta la pérdida de Satoshi Kon, director de obras maestras como Perfect Blue (1997): «Puede que fuera el mayor talento de la animación japonesa junto a Hayao Miyazaki, incomparable a cualquier otro. De hecho, entre el propio Miyazaki y Kon hay un abismo temático y formal en sus obras, pero lo que hacía el director de Perfect Blue era de una perfección estilística y de unos argumentos tan bien pulidos, con un talento cinematográfico tan grande, que creo que fue una pérdida histórica para el cine en general y para la animación japonesa en particular. A veces creo que no se pondera lo suficiente el trabajo de Satoshi Kon». 

Respecto a figuras actuales como Makoto Shinkai, creador de Your Name (Kimi no Na wa, Makoto Shinkai, 2016), El tiempo contigo ( 2019) o Suzume (2022), señala una diferencia fundamental con Miyazaki y Kon: «Shinkai, una vez llegado al éxito, no está arriesgando nada. Y, en cierto modo, puede ser comprensible». 

Este punto de conformismo lo diferencia de Miyazaki. «Hayao Miyazaki arriesgó varias veces su carrera para hacer películas que nadie quería hacer o que los que ponían el capital no creían en ello, así como sorprendió con temáticas que no eran lo que se esperaba de él.

Entre mainstream y el streaming

La animación está viviendo una época de grandes éxitos globales como Arcane (2021) o Spider-Man: Un nuevo universo (2018). Pese a ello, la animación comercial parece haber caído en una espiral de remakes, secuelas y reboots.

«Lo estamos viendo últimamente: cada vez que Disney / Pixar, con toda su maquinaria publicitaria, proponen historias completamente nuevas, la taquilla no responde. Sin embargo, secuelas de secuelas que tienen muy poco que aportar, son auténticos taquillazos. Hay poco margen para aportar cosas nuevas cuando no se quiere arriesgar ni lo más mínimo, lo que da como resultado productos clónicos en todos los sentidos» analiza Álvaro.

Frente a esto, el investigador ve una oportunidad en las plataformas digitales y en fenómenos como K-Pop: Demon Hunters (2025). «Creo que el streaming sí está teniendo mucho más margen para crear animación diferente, porque su público es más variado y se pueden rentabilizar mejor los nichos de mercado». 

«El éxito de esta obra en Netflix es muy significativo en esas sinergias entre lo oriental y lo occidental que tan bien están funcionando, y supongo que va a ser una línea a seguir por las plataformas. Estamos viendo cómo cada vez entran en el circuito más productos surcoreanos y chinos —ahí tenemos la histórica recaudación de Ne Zha 2 (2025)—, así que al menos parece que se abre el abanico de opciones».

En el horizonte, Álvaro observa con interés proyectos que mantienen la herencia visual de Ghibli como A New Dawn (2025) y sigue de cerca el éxito de series como Frieren (Sousou no Frieren, 2023) o Los diarios de la boticaria (Kusuriya no Hitorigoto, 2023). «Con el aluvión de novedades que hay en el anime cada dos por tres, es imposible seguir la pista a todo». afirma.

Mientras esperamos sus próximos proyectos editoriales y las nuevas joyas que la animación nos depare este año, nos quedamos con su reflexión sobre la animación asiática y esa llama interna que, como a Chihiro, nos empuja a superar todas las dificultades.


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