¡Moshi, moshi, dango pockets! Siempre es un placer escribir sobre el mundo del anime y el manga para ustedes. En esta ocasión venimos a compartirles nuestra impresión de First Love, Worst Love!, también conocido como Yori-kun to Yori wo Modosu Wake Niwa! La obra es escrita e ilustrada por Sumio Hataya y actualmente cuenta con tres volúmenes recopilatorios.
Aunque parece un shōjo tradicional de romance y comedia, desarrolla una identidad propia. Es una obra auténtica que detona risas tremendas, pero que también se construye a partir de los ecos del ecosistema del shōjo más tradicional.
First Love, Worst Love! narra la historia de Hatsuko, una protagonista joven de perspectiva firme, carácter tierno y una energía especialmente dinámica, junto a Yori, un chico leal y cariñoso que tropezó brutalmente con el orgullo y la vergüenza durante sus años mozos.

La obra propone la rehabilitación de un romance juvenil que podría florecer nuevamente en una etapa más madura. No obstante, las heridas del pasado han provocado desconfianza y amenazan con corromper lo que se consolidó mayormente como un hermoso recuerdo.
Reconstruir un afecto siempre es complejo, y más cuando el vínculo quedó suspendido en un abandono abrupto. Sin embargo, First Love, Worst Love! recupera, como buen shōjo de antaño, la manera en que sus protagonistas actúan desde la incapacidad de comunicarse. A ello añade un enfoque mucho más contemporáneo: la necesidad de fomentar la confianza, el diálogo y el reconocimiento emocional, sin abandonar el drama ni el coqueteo que caracterizan al romance moderno.
La vulnerabilidad al conversar sin tapujos construye una narrativa especialmente honesta.

First Love, Worst Love!: rehabilitando el romance
Hatsuko llega a Tokio decidida a rehacer su vida, pero se encuentra con una sorpresa imposible de ignorar. Luego de romper con Yori, su novio de secundaria, pasó toda la preparatoria soltera; o al menos eso creyó después de sufrir un ghosteo devastador.
Hatsuko y Yori eran una pareja adorable. Él era atento, devoto y profundamente cariñoso; compartían una relación que parecía perfecta. Ambos planeaban ingresar a la misma preparatoria, pero cuando llegaron los resultados del examen, Yori fracasó. Ese momento quebró por completo el equilibrio entre ellos.
Yori era perfecto hasta que dejó de serlo de la manera más abrupta posible. Desapareció. Los mensajes de Hatsuko —llenos de preocupación genuina— fueron ignorados durante semanas. Finalmente, se encontraron en la ceremonia de ingreso, cruzaron miradas, pero el chico la ignoró por completo. Ella, cansada de permanecer en el limbo emocional, decidió bloquearlo e intentó continuar con una vida normal. Aun así, conserva un recuerdo cálido de la relación que compartieron.
No volvió a salir con nadie. Sin embargo, cuando se muda a su nuevo departamento para comenzar la universidad, descubre que su vecino es precisamente Yori. Él le pide de inmediato que vuelvan a ser amigos y le confiesa que desea recuperar su relación romántica.

Hatsuko no piensa ceder tan fácilmente. Sí, Yori es guapísimo, amable y ridículamente encantador, pero también la abandonó sin mediar palabra. La confianza ya no existe y ella sabe que merece una explicación. No la exige porque intenta reconstruir la idea del romance –se destaca: en la vida, no con él–, pero es consciente del daño. No solicita la reparación desde el dolor –la ira, el rencor, el vacío, la humillación–, sino que sencillamente opta por seguir con su camino de rehabilitación por y para sí misma, lo más beneficioso a largo plazo.
Yori, completamente desbordado por la emoción de verla otra vez, admite que se torturó durante todos esos años y que desapareció sin completa consciencia; intentaba reconstruirse, se infiere, debido al impacto que le causó su fracaso académico. Sin embargo, también acepta que quiere aprovechar esta coincidencia para acercarse nuevamente a Hatsuko, pese a que al igual que ella, había decidido olvidarla con el ingreso a la universidad.
Ella no da su brazo a torcer. Le recuerda que siempre tuvo su número, que sabía dónde estudiaba y dónde vivía. No se reducirá a un mero cruce del destino. Así comienza un camino incómodo de penitencia, drama y reconstrucción emocional.
Desde esta perspectiva, First Love, Worst Love! se distancia de los shōjo más clásicos de los 2000 al estilo Kimi ni Todoke, así como de las obras que replicaron ese modelo años después, como Honey Lemon Soda, e incluso de títulos recientes como A Star Brighter than the Sun.




La diferencia principal radica en Hatsuko: una protagonista consciente de la ternura que desea, pero también de aquello que está dispuesta a tolerar para conservar su estabilidad emocional. Reconoce sus heridas y sus anhelos sin vergüenza, y decide explorar esta nueva etapa de su vida mientras construye vínculos distintos.
El peligro de los límites del cortejo y el drama de las viñetas
A partir del momento del reencuentro, Yori comienza a perseguir constantemente a Hatsuko. Va a los lugares que ella frecuenta y retoma el tipo de cortejo que mantenía durante su relación. Aunque las ilustraciones suelen ser hilarantes, First Love, Worst Love! también deja muy claros los límites emocionales entre ambos personajes.
Yori busca compartir tiempo con Hatsuko en cada oportunidad posible: desde los trayectos al campus hasta las solicitudes del club universitario, actúa como perro guardián y sí que espanta a otros posibles prospectos, pero de manera táctica, respetando y aprovechando los vacíos en los límites que Hatsuko le impone. Y ahí aparece uno de los puntos más complejos del manga. Hatsuko todavía siente algo por él; ahora lo sabe con claridad. Sin embargo, no piensa tener consideraciones, toma esta decisión desde la pérdida de confianza que dejó el abandono.
La base de su relación —la honestidad emocional y la certeza de que la persona amada no te dañará conscientemente— desapareció por completo. Hatsuko entiende esto perfectamente, y es ahí donde brilla su temple: quiere ser paciente y observar cuidadosamente el comportamiento constante de Yori antes de considerar un vínculo –de índole indistinta– con él. Su corazón es curioso, pero su mente le dice: «No puedo volver con Yori-kun».

Así, el manga también reconoce algo incómodo: el cuerpo y la mente no siempre avanzan al mismo ritmo. En ocasiones, resulta especialmente difícil comprender lo que uno siente en una situación así.
Por su parte, Yori es consciente del daño que provocó. Reconociendo su responsabilidad, se aferra a la idea de que la adolescencia distorsiona brutalmente la comunicación emocional. Debido a ello, se sobreesfuerza constantemente, es expresivo, pero respeta cada uno de los límites que Hatsuko establece. Incluso decide conformarse con recuperar primero la amistad antes de aspirar nuevamente al romance.
Toda esta narrativa fomenta un aterrizaje de viñetas sumamente dinámicas. Por un lado, expresan la ternura de los recuerdos de los protagonistas, por otro, en las mismas escenas del presente, aterrizan un eco con amargura, pero a la vez, consiguen endulzarlo, sin que este sentimiento nuble, ni se instale en la mente de Hatsuko. Este fluido de viñetas busca y logra que la protagonista aprecie el pasado e intente identificar a Yori, mientras también lucha por reconocer que el chico que tiene enfrente no puede beneficiarse de esos sentimientos reminiscentes, aunque, quizá tampoco perjudicarse totalmente.
Se perfila de manera sutil la línea del cambio: son distintos del ayer y acaso esa será su oportunidad en el futuro. El punto de apoyo, y también el talón de Aquiles, es su pasado juntos.

Por otro lado, el manga posee un ritmo orquestado por las expresiones más ácidas de los protagonistas: cuando el rechazo de Hatsuko causa estragos en el ánimo de Yori. Añadido a esto, la rapidez del cambio y respuesta de las emociones que se vinculan a las expresiones es ávido y divertido, anclado a una lectura compulsiva. En este sentido, la sucesión de viñetas permite comprender el camino zigzagueante que tiene por delante la pareja estelar.
No obstante, es evidente que First Love, Worst Love! enfoca a Hatsuko, pero ello, en cierto grado, ensombrece algo importante para ella: el proceso de Yori, y lo que enmarca la emoción, tensión e incertidumbre del reencuentro.
Yori es lindo, y pone carita de perrito abandonado, sin embargo, esto mismo recuerda que Hatsuko no fue quien lo abandonó, sino él mismo; así que por momentos parece que no solo debe convencerla a ella explicando el proceso que pasó para mediar y contextualizar una justificación de sus acciones, sino también a su audiencia que, como lectores maduros, necesita el desarrollo de un cuadro más complejo que la confusión en la adolescencia, para considerar segura la oportunidad que ofrece el joven escapista mudo.

First Love, Worst Love! es muy lento manejando el descubrimiento de este personaje. Si bien está haciendo todo lo que debería para ganar el corazón de Hatsuko, en el pasado también fue su ideal y las cosas terminaron mal para ella. El hecho de que vuelva a ser encantador simplemente provoca mayor amargura a Hatsuko, que intenta mantener su lucidez y que probablemente no cederá hasta comprender el origen del asunto. Yori se esconde y su galantería supera por completo una vulnerabilidad que apenas y se percibe en First Love, Worst Love!, que maneja este proceso como mayormente secundario o de ritmo particularmente lento. Sin embargo, claro está, habrá que ver la evolución de la historia para tener una opinión más acertada de ello.
Los protagonistas brillantes
Las expresiones exageradas destacan especialmente dentro de la estética de First Love, Worst Love! Resulta fácil imaginar a personajes como Hatsuko y Yori dentro del estilo visual de obras como A Sign of Affection o In the Clear Moonlit Dusk, mangas cuyos protagonistas suelen ser mucho más contenidos y mesurados emocionalmente. Sin embargo, este dúo expande cada gesto y reacción consecuente hasta volverlos explosivos.




Tanto Hatsuko como Yori recuerdan el tipo de expresividad afectiva que popularizó Wotakoi!: Love is Hard for Otaku. En ambas obras, el romance parte de una declaración de intenciones clara: personajes que deciden construir activamente una relación, incluso cuando el pasado emocional los vuelve inseguros.
En Wotakoi!, Hirotaka promete ser devoto si Narumi lo acepta, cabe mencionar que reúne el valor y finalmente consigue decir las palabras, pese a haber sentido amor por Narumi desde la adolescencia. En ese momento fue incapaz de hacerlo, pero ahora está decidido a cortejar a su amiga y su meta es construir una relación sólida; esto resuena especialmente con Yori, y replantea la valentía, la comunicación y la seguridad de lo que se desea para realizar un ofrecimiento en las narrativas shōjo.
A lo largo de la historia, ambos protagonistas se preguntan cómo pueden rehabilitar el amor que sienten el uno por el otro y su capacidad de distinguirlo como romántico sin forzarlo, y evitando comprometer límites personales de sus formas de ver ahora la vida. En cierto sentido, esto es similar a lo que propone First Love, Worst Love! ya que busca revisar si existe la posibilidad de un nuevo camino sin ser agresivo ni impuesto.



Y ahí radica buena parte de la fuerza del manga: no se trata de un «destino romántico», sino de personajes que intentan decidir si todavía son capaces de construir algo juntos. Luchan por construir la relación y en medio de ello crecen respecto no solo a la forma de ser honestos, leales y vulnerables con la persona que anhelan, sino consigo mismos.
La comunicación aquí va mucho más allá de decir lo que se siente. Implica reconocerlo en el momento adecuado y reunir la valentía necesaria para expresarlo. El manga desarrolla así una concepción del amor mucho más madura y sofisticada.
Además, Hatsuko destaca por ser una protagonista femenina especialmente firme. Sabe lo que quiere, protege su estabilidad emocional y no convierte el romance en el centro absoluto de su identidad. Su feminidad jamás depende de la validación romántica.
Por otro lado, Yori se ve obligado a reconocer que pasó años siendo incapaz de comunicar emociones básicas: desde pedir cariño por medio de un abrazo hasta expresar el impacto devastador que tuvo para él fracasar en el examen de ingreso. El miedo lo llevó a aislarse y priorizar su recuperación individual antes que explicar lo que ocurría. Mientras Hatsuko quedó atrapada en la incertidumbre, Yori reaccionó desde el hermetismo absoluto.
Así, Hatsuko crece mirando hacia afuera; Yori, hacia adentro.



Los personajes no se quedan estáticos, avanzan por su cuenta y son personas distintas en su reencuentro, lo que proyecta las verdaderas nuevas posibilidades.
Acerca de la preocupación del shōjo contemporáneo: consolidar el amor
El shōjo romántico contemporáneo ha comenzado a alejarse del ideal del «amor perfecto». Muchas de estas historias se concentran ahora en relaciones incapaces de sostenerse por falta de honestidad, responsabilidad emocional o amabilidad mutua. Y aunque la comedia romántica continúa utilizando el humor como recurso central, también ha desarrollado una enorme capacidad para complejizar y madurar los vínculos en medio de los desencuentros y daños irreparables.
Si encontrar el amor ya es difícil —como demuestra MarriageToxin desde otro ángulo—, conservarlo de forma saludable implica una batalla mucho más complicada que conlleva caídas críticas. First Love, Worst Love! recupera precisamente la idea de reformar un romance que causó daño, entendiendo que cada una de las reservas emocionales de Hatsuko es completamente válida, mientras también se abre un rango de comprensión hacia Yori, evocando un protagonista imperfecto en el tiempo de husbandos que son todo lo contrario.
Se añade que, si bien Hatsuko todavía siente atracción por Yori, eso no garantiza una reconciliación.

Hatsuko no lo mantiene cerca desde la crueldad, y Yori tampoco recibe la promesa de que sus esfuerzos serán recompensados. Sin embargo, el compromiso por recuperar la confianza perdida permite que ambos construyan una relación distinta a la que tuvieron como adolescentes. Ahora entienden mejor el mundo, y también se comprenden un poco mejor a sí mismos.
Por excelencia el inolvidable, idealizado y tortuoso primer amor fallido: el tropo de las segundas oportunidades
Lo más ácido del manga aparece precisamente aquí: Hatsuko intenta vivir en el presente.

Las segundas oportunidades no son para todos. Y lo más interesante de First Love, Worst Love! es que jamás intenta imponer la idea de que el amor necesariamente debe sobrevivir. A Hatsuko no le interesa una victoria al cultivar el regreso de Yori. Tampoco convierte el arrepentimiento masculino en una recompensa automática. Yori debe esforzarse por ofrecer un amor genuino hacia una mujer que en otras circunstancias le ofreció generosamente su afecto.
En ese sentido, el manga propone algo mucho más complejo que el simple «destino romántico». Hatsuko no regresaría con Yori; puede construir una relación con otra versión de él. Reconociendo que no todo el tiempo es el príncipe azul de los shōjo.



Lo bello de First Love, Worst Love! es su propuesta de entender que amar nuevamente implica aceptar el cambio, reconocer el daño y decidir conscientemente si todavía existe un futuro posible.
Presenta a una protagonista joven pero sólida y también fresca que debe lidiar simultáneamente con su sentido de atracción, sus pensamientos de alerta y las posibilidades, mientras un pasado le toma los talones con presión.
Y hasta aquí esta reseña de First Love, Worst Love! ¿Le darán una oportunidad? Los leemos en comentarios y por Twitter. Si les gustaría que escribamos algo en particular, por favor, ¡háganoslo saber! Además, sígannos en Instagram, Twitch o en nuestro canal de Discord. ¡No es una despedida, sino un hasta pronto!


























