Apreciados lectores, espero que hayáis preparado vuestras yurtas y ensillado vuestros caballos, ¡porque nos vamos de viaje a Mongolia! Hemos decidido emprender esta aventura porque queremos traeros nuestra recomendación de Jaadugar: A Witch in Mongolia (Tenmaku no Jaadugar), un anime de la pasada temporada de verano que ha logrado mesmerizarnos con su fascinante ambientación y excelentes personajes.
Una serie histórica ambientada en las estepas
Jaadugar cuenta la historia de Sitara —más tarde conocida como Fátima—, una joven esclava que vive una vida apacible y feliz en el seno de una familia persa hasta que los mongoles asaltan su ciudad. Tras perder su hogar y a quienes consideraba su familia, Sitara es llevada hasta las vastas estepas de Mongolia, donde se aferra a su nueva vida conservando en su interior un profundo odio hacia aquellos que le arrebataron todo.

Nos encontramos ante la adaptación del manga homónimo de Tomato Soup, el cual lleva en publicación desde 2021. El salto a la pantalla es obra de Science Saru, estudio que se ha pasado los últimos años afianzándose como uno de los más relevantes del panorama de la animación japonesa actual. Los logros del estudio se deben, en parte, a que ha incrementado su producción sin perder por ello la calidad que le caracteriza. Pero también a que no ha escatimado esfuerzos a la hora de buscar nuevos proyectos interesantes, explorando nuevos estilos y géneros. La serie que nos ocupa es, en parte, el resultado de dichos esfuerzos.
La esencia de una obra definida por la cultura de un pueblo
Jaadugar no se desmarca de otros animes del estudio por el género en el que se enmarca —ya hemos visto a Science Saru juguetear con dramas históricos en el pasado—, sino por su escenario y ambientación. La historia se sitúa en el antiguo Imperio mongol, un entorno al que no estamos en absoluto acostumbrados como aficionados al anime y que resulta todo un soplo de aire fresco.
No obstante, este escenario sirve para mucho más que aportar un entorno novedoso. No se contenta con definir el contexto territorial e histórico, sino que también influye en el devenir de la historia. Esto ocurre porque la obra de Tomato Soup da una significancia fundamental a los elementos culturales y folclóricos de los diferentes pueblos que llegamos a conocer. Tanto, que son empleados como elementos narrativos, tal y como podemos apreciar en el ritual de entrada en las yurtas, representación de la preparación para la «batalla» que tendrán que enfrentar los personajes en su interior.

A veces, estos elementos culturales incluso llegan a determinar los conflictos y acontecimientos más importantes de la trama. No entraremos en profundidad para evitar spoilers, pero sabed que podemos encontrar diversos ejemplos a lo largo de la historia. Por ejemplo, en la vacilación de la determinación de Sitara, causada por la valía y sabiduría que encuentra en las costumbres mongolas. También en el simbolismo espiritual o religioso de los eventos que marcan el devenir de la política del imperio, que permiten fundamentar la autoridad de sus gobernantes en base a las creencias de su pueblo. Y podríamos seguir.
La cautivadora belleza de las estepas mongolas
La adaptación ha sabido trasladar y expresar, también en el ámbito audiovisual, la relevancia de la que goza el escenario de la obra. La dirección de Abel Góngora —supervisada por Naoko Yamada—, el trabajo del equipo artístico —liderado por Yuri Kabasawa— y de animación —con Kenichi Yoshida a la cabeza—, así como la composición sonora y musical —con dirección de sonido de Noriyoshi Konuma y banda sonora de Kōshirō Hino—, han aunado fuerzas para plasmar con enorme belleza esta realidad que nos es ajena.




El esfuerzo es patente y, como resultado, los espectadores podemos apreciar la cultura de estos pueblos más allá de los detalles anecdóticos superficiales. La percibimos en los colores, las sombras y las formas. La sentimos en los ritmos de la vida de sus gentes, en los sonidos de cada espacio y en las tonalidades de la fascinante música que nos acompaña. A veces, casi hasta nos parece oler el incienso y el ganado. Los apartados artístico y musical, en particular, destacan sobremanera, firmando uno de los mejores trabajos del año en dichos ámbitos.
El apartado de diseño de personajes es el único que, a priori, parece desentonar y salirse un poco de esta línea. No porque le falte calidad, esfuerzo o detallismo, en absoluto, sino porque se inclina por un estilo infantilizado que podríamos llamar de forma un poco burda «estilo Tezuka», debido al parecido que evoca con el dibujo del «Dios del manga». Por descontado, es un estilo basado en el original del manga, así que no podíamos esperar algo muy alejado, y lo cierto es que funciona mejor de lo esperado, porque es especialmente eficaz a la hora de modular las emociones de los personajes. Además, aunque podría parecer lo contrario, no suaviza el drama, el miedo o la desesperación que estos pueden llegar a expresar.


Aferrarse al deseo de venganza o sucumbir al síndrome de Estocolmo
La puesta en escena es el señuelo con el que la serie nos embruja, pero tiene mucho más que ofrecer. Jaadugar es una historia con complejos elementos políticos. Es una historia sobre el desarrollo de la cultura y la civilización y sus diferentes formas de expresión. También es una historia sobre el progreso y la importancia del conocimiento y el saber. Aunque si nos quedamos con la fachada más aparente, quizás lo obvio sería describirla como una historia de venganza personal, aun con muchos matices.
Una de las facetas mejor desarrolladas de la obra es su sobresaliente elaboración de personajes. Sea por su personalidad marcada, inteligencia, carisma o complejidad, no dejan indiferente a nadie.

Como protagonista, Sitara es la que muestra una mayor introspección, y buena parte de lo que la define tiene que ver con su conflictiva relación con el pueblo mongol. Lo que en un principio se concretaba claramente como una emoción de odio acérrimo y deseo de venganza, con los años se tambalea. La convivencia continuada con ellos le hace ver que, incluso entre los que consideraba «bárbaros sanguinarios», puede encontrar valor en su forma de vida e incluso almas afines o individuos con ideas o valores similares a los del apreciado amo de su infancia.
«Si conseguís ser felices aquí, habré ganado yo.»
Si bien Sitara es el personaje principal, no es el único que puede causarnos fascinación. Töregene, con su tortuoso pasado y fiera voluntad —pese a sus inseguridades—, se configura como el segundo pilar de la inusitada (pero muy estimulante) alianza y relación de confidencia con Sitara, escalando poco a poco al papel de coprotagonista de la historia.
«Juntas, podremos desatar una tormenta.»

Por otro lado, tenemos a Sorghaghtani, un personaje cautivador que nos tienta, tanto al espectador como a la protagonista, con su dedicada búsqueda del conocimiento, pese a su postura antagónica en la historia. Algo similar nos pasa con el personaje de Ögedei, que resulta ser mucho más complejo y de mayor entereza como líder de lo que aparentaba en un principio.
Con una aparición más tardía, aunque mayor impacto incluso, tenemos a Boraqchin, cuya lealtad maquiavélica hacia el Gran Kan la convierte en un personaje temible, capaz de decidir el futuro del imperio. En cierto modo, ejecuta el papel de figura antagónica en la historia.




Lo que depara el futuro
Como ya os adelantamos antes del inicio de la temporada, teníamos bastantes expectativas puestas en Jaadugar y lo cierto es que no ha defraudado. Es un buen anime que, además, es capaz de despuntar en facetas concretas. Para el que escribe estas líneas, estas son sobre todo su ambientación y personajes, aunque hay más bondades de las que enamorarse.
No obstante, sus 12 episodios nos han sabido a poco. La historia tarda un poco en encauzarse tras la intensidad de sus dos primeros episodios y, aunque a lo largo de la temporada tienen lugar acontecimientos de enorme importancia, el cierre casi parece el final de un prólogo largo o, en todo caso, de un primer acto introductorio. Es ahora cuando por fin se han acabado de definir cuáles son los actores de la historia y cuál es realmente la trama.

Jaadugar necesita futuras temporadas y, en el caso de que las haya —a fecha de este escrito aún no hay nada anunciado—, es posible que tarden, ya que el manga todavía es bastante reciente y no hay demasiado margen para continuar adaptando. Eso no nos ha impedido traeros esta recomendación porque necesitamos que más gente se suba a la carreta del anime de Jaadugar para acompañarnos en nuestra paciente y tortuosa espera de una posible secuela.
Terminamos recordándoos que, con los cambios de temporada de anime, Hanami Dango se pone candente con todo tipo de contenido, tanto en el blog como en redes y Twitch. ¡No os olvidéis de seguirnos y hasta la próxima!


























