¡Bienvenidos a vuestra casa, queridos lectores de Hanami Dango! Hoy venimos a haceros la recomendación de un anime que ha conquistado nuestros corazones: I Want to Love You Till Your Dying Day. La temporada de verano llegó cargadita de animes que esperábamos con ansias, pero también nos trajo alguna que otra sorpresita que venía lanzada a pegarnos fuerte. Es el caso de este yuri en el que la guerra les ha arrebatado a nuestras protagonistas la posibilidad de una vida normal, pero no ha conseguido eliminar su capacidad de amar. Eso sí, avisamos que esta recomendación contiene la mínima cantidad de spoilers necesarios para contaros por qué nos ha gustado tanto la serie. 

Introducción

I Want to Love You Till Your Dying Day - Recomendación 2 - Hanami Dango

¿Qué significa crecer cuando el mundo que te rodea no te permite ser una niña? ¿Cómo se aprende a vivir cuando la muerte forma parte de la rutina y quienes deberían protegerte te convierten en un arma? ¿Y qué sentido tiene sobrevivir cuando no puedes elegir qué hacer con tu propia existencia? Estas son algunas de las preguntas que nos plantea I Want to Love You Till Your Dying Day, un anime que combina el romance entre chicas con la fantasía oscura para construir una historia tan tierna como dolorosa.

En una academia donde las jóvenes huérfanas reciben formación mágica para combatir en una guerra, la muerte se ha convertido en algo cotidiano. Las alumnas aprenden a luchar, asumen que sus compañeras pueden desaparecer en cualquier momento y deben acostumbrarse a una realidad en la que expresar el dolor no suele servir de mucho. En medio de este escenario conocemos a Sheena, una chica que acaba de perder a una compañera, y a Mimi, una misteriosa muchacha cuya capacidad para escapar de la muerte la ha convertido en un arma extraordinariamente eficaz.

Sus caminos se cruzan y, poco a poco, ambas comienzan a descubrir que todavía existen motivos para sonreír en un mundo que parece empeñado en arrebatárselos. Sin embargo, la historia de estas dos chicas va mucho más allá de un vínculo nacido en una situación complicada. Porque, aunque la ternura se abre paso entre las atrocidades de la guerra, ninguna de ellas puede escapar fácilmente de las consecuencias de vivir bajo el mando de unos líderes que, prácticamente, han dejado de reconocerlas como personas.

La inocencia frente a la brutalidad de la guerra

I Want to Love You Till Your Dying Day - Recomendación 15 - Hanami Dango

Uno de los aspectos más interesantes de I Want to Love You Till Your Dying Day es el contraste entre la inocencia de sus protagonistas y la crueldad del entorno en el que están creciendo. Muchas de ellas han vivido auténticas torturas antes de llegar al orfanato. Sin embargo, nuestras chicas siguen teniendo inquietudes, amistades, gustos personales y ganas de compartir su tiempo con las compañeras. 

Pueden reírse, jugar, mostrar curiosidad por las demás o disfrutar de los pequeños placeres que esta vida les permite. Son unas crías que deberían estar descubriendo el mundo, construyendo su identidad y pensando en su futuro.

Sin embargo, su realidad está muy lejos de esa imagen de adolescencia que asociamos con la escuela. Estas niñas han sido educadas para combatir y matar, y su capacidad mágica determina en buena medida su utilidad en el conflicto. La guerra no es una amenaza lejana que interrumpe ocasionalmente su vida cotidiana, sino el motivo por el que esa vida existe tal y como la conocen.

Esta contradicción resulta especialmente dolorosa porque la obra no necesita convertir a sus protagonistas en personajes constantemente atormentados para recordarnos lo terrible de su situación. Precisamente, sus momentos de alegría hacen que resulte todavía más evidente todo lo que les están arrebatando. 

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Que puedan bromear o disfrutar de una tarde con sus amigas no significa que su situación sea menos cruel, sino que siguen conservando una humanidad que las circunstancias intentan destruir.

La muerte tiene una presencia constante. Las pérdidas se acumulan, el miedo permanece y las alumnas deben aprender a continuar con sus obligaciones incluso cuando una compañera ya no está. La historia transmite así una atmósfera de melancolía en la que cada relación está constantemente amenazada por la posibilidad de una despedida.

Y es que no hay nada de heroico en obligar a unas niñas a acostumbrarse a morir. Que sean capaces de combatir no significa que deban hacerlo, del mismo modo que su talento mágico no justifica que se las trate como recursos prescindibles. Bajo su ambientación fantástica, la serie plantea una cuestión profundamente humana: ¿qué ocurre cuando una sociedad considera que los objetivos de una guerra son más importantes que las vidas de quienes deben librarla?

Mimi y Sheena: dos maneras de enfrentarse al mismo mundo

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La relación entre Mimi y Sheena es el corazón emocional de la historia. Aunque ambas viven bajo las mismas reglas, su forma de relacionarse con ellas es muy diferente. La magia de Sheena no es lo suficientemente fuerte como para poder salir al campo de batalla. Le cuesta asimilar que, mientras muchas de sus compañeras deben jugarse la vida casi día tras día, ella debe quedarse a salvo sin poder ayudar.

Mimi, por el contrario, muestra una actitud mucho más despreocupada —tampoco es que tenga alternativa—. Su alegría, su espontaneidad, su inocencia y su manera de relacionarse con las demás pueden resultar desconcertantes, especialmente cuando recordamos lo que es capaz de hacer en el campo de batalla. 

Parece haberse acostumbrado a una realidad que debería resultar insoportable, aunque eso no significa que su actitud nos permita comprender todo lo que siente ni que su aparente inocencia sea sinónimo de una vida sencilla. 

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Lo bonito de la evolución de la relación entre ellas dos es que ninguna tiene que convertirse en una persona distinta. Sus diferencias no desaparecen de repente, ni el cariño soluciona todos sus conflictos. Al contrario, conocerse mejor también significa descubrir que sus necesidades y sus maneras de afrontar el peligro no siempre coinciden.

Y aquí encontramos uno de los aspectos más interesantes de su relación: ambas quieren protegerse, pero no entienden esa protección de la misma manera. El afecto no elimina sus contradicciones, sino que las vuelve más importantes, porque ahora tienen mucho más que perder.

¿Por qué Sheena no necesita convertirse en un arma?

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Son innumerables los animes en los que un personaje descubre que es mucho más débil que alguien a quien quiere y su evolución pasa por entrenar para alcanzar su nivel y poder luchar a su lado. Es una dinámica que hemos visto incontables veces y que, es verdad, puede dar lugar a grandes momentos de superación. Sin embargo, la relación entre Mimi y Sheena permite explorar una perspectiva diferente y muy interesante.

Mimi no necesita que Sheena se convierta en otra combatiente extraordinaria. Necesita saber que está a salvo, que puede regresar junto a ella y que existe un lugar al que volver después de enfrentarse a los horrores del campo de batalla. Sheena representa esa posibilidad de encontrar calidez en una existencia dominada por la violencia.

Esto no significa que Sheena carezca de sus propias aspiraciones ni que su papel deba reducirse a esperar en casa. Lo interesante es que su valor dentro de la relación no depende de que sea capaz de matar como debe hacer Mimi o de exponerse a los mismos peligros. En un mundo que mide a las personas por su utilidad militar, poder ofrecer compañía, comprensión y tranquilidad también tiene un valor inmenso.

¿De qué sirve proteger a una persona si, para conseguirlo, acabamos destruyéndonos a nosotros mismos? Y, al mismo tiempo, ¿cómo podemos pedirle a alguien que no se sacrifique cuando sabe que tiene la capacidad de evitar el sufrimiento de los demás?

No hay una respuesta sencilla. Precisamente por eso, esta situación resulta mucho más interesante que una simple competición por alcanzar el mismo nivel de poder. Nos recuerda que querer a alguien no significa necesariamente desear que se convierta en alguien parecido a nosotros, sino aprender a reconocer aquello que necesita y que puede ofrecernos. De hecho, honestamente, este es uno de los puntos que nos ha llevado a querer preparar esta recomendación de I Want to Love You Till Your Dying Day.

La inmortalidad de Mimi: sobrevivir no es lo mismo que vivir

Si hay algo especialmente cruel en la situación de Mimi es que su capacidad para escapar de la muerte, lejos de liberarla de la violencia, la convierte en una víctima perfecta para quienes quieren aprovecharse de ella.

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Su inmortalidad la hace extraordinariamente útil en el campo de batalla. Si puede sobrevivir a heridas que matarían a cualquier otra persona, resulta tentador enviarla una y otra vez a enfrentarse con el enemigo. 

El problema es que esa capacidad no convierte el sufrimiento en algo insignificante. Que Mimi no pueda morir no significa que el dolor que experimenta deje de existir. ¿Os lo habéis planteado alguna vez? Vivir el dolor de la muerte una y otra y otra vez…

La guerra se aprovecha de una característica que debería despertar tantas preguntas como asombro. En lugar de preguntarse qué necesita Mimi o qué consecuencias tiene para ella sufrir un día tras otro, quienes la utilizan encuentran en su inmortalidad una ventaja militar. Su vida parece tener valor precisamente porque es imposible acabar con ella, como si su capacidad para sobrevivir justificara que se la exponga a cualquier atrocidad.

Esta es, probablemente, una de las cuestiones más inquietantes de la obra. Mimi no es únicamente una chica que lucha en una guerra: es una chica a la que se ha convertido en un arma porque su cuerpo permite hacer con ella cosas que no podrían hacerse con las demás. Su condición excepcional no la libera de la deshumanización, sino que la coloca en una situación todavía más vulnerable. Aún más si cabe, si pensamos que su actitud infantil es una consecuencia de haberla mantenido aislada del resto del orfanato durante años. 

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Además, hay algo profundamente aterrador en la posibilidad de que su condena no termine nunca. Aunque la guerra llegue a su fin, aunque las personas que la rodean puedan construir sus propias vidas y aunque Sheena envejezca, Mimi podría seguir existiendo. ¿Qué ocurrirá cuando las personas a las que quiere ya no estén? ¿Cómo se afronta una eternidad en la que los vínculos que dan sentido a nuestra existencia están destinados a desaparecer?

Solemos ver la inmortalidad como un don extraordinario, pero I Want to Love You Till Your Dying Day nos muestra la otra cara de la moneda. Vivir para siempre no es necesariamente un regalo cuando no puedes elegir cómo vivir, cuándo descansar o qué hacer con el tiempo que te queda.

Por eso, en esta recomendación de I Want to Love You Till Your Dying Day necesitamos insistir en que los momentos que Mimi comparte con Sheena y sus amigas adquieren tantísima importancia. No pueden borrar el sufrimiento que experimenta, pero le permiten disfrutar de algo que la guerra intenta negarle: una vida que no se reduzca a combatir. 

Reírse, compartir una comida, conversar o sentirse acompañada pueden parecer cosas insignificantes frente a una guerra, pero para alguien cuya existencia ha quedado reducida a su utilidad militar representan mucho más de lo que parece.

Ari y Seiran: amar a alguien también significa aceptar sus decisiones

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La relación entre Ari y Seiran representa una de esas historias de amor que no se pueden olvidar, tan tiernas como sinceras. Su complicidad, la naturalidad con la que se comunican y la confianza que transmiten hacen que resulte muy fácil encariñarse con ellas. Hay algo especialmente entrañable en la manera en que parecen entenderse, como si su relación les permitiera encontrar una estabilidad que el resto de su vida no puede ofrecerles.

Sin embargo, precisamente por esa comunicación ejemplar que hay entre ellas, ninguna de ellas sería capaz de negarle algo que fuese importante para la otra. Cuando Seiran toma ciertas decisiones, Ari debe enfrentarse a una realidad muy difícil: querer a alguien no significa estar de acuerdo con todo lo que hace, ni tener la capacidad de evitar que sufra las consecuencias de sus elecciones.

A veces, el cariño no basta para impedir que una persona tome un camino que nos asusta. Podemos comprender sus motivos y, aun así, desear que hubiera elegido otra opción. Podemos respetar su capacidad para decidir y, al mismo tiempo, sentir rabia, miedo o impotencia ante lo que esa decisión implica. Pero, por encima de todo, lo importante es aceptar esa decisión, simple y llanamente por respeto a la persona que amamos. Independientemente del dolor que pueda causar. 

Ari y Seiran nos muestran así otra cara del amor: la de aceptar que la otra persona tiene voluntad propia, incluso cuando sus decisiones nos hacen daño. No se trata de idealizar a la otra persona ni de tratar de imponerle nuestro propio criterio. Se trata de comprender que amar a alguien no nos concede el derecho a decidir por esa persona.

De hecho, la relación entre Ari y Seiran también refuerza una de las ideas que atraviesan toda la obra: en un mundo que obliga a las chicas a enfrentarse a la muerte, los vínculos que construyen se convierten en una fuente de consuelo, pero también en una nueva forma de vulnerabilidad. Cuanto más importante es alguien para nosotras, más difícil resulta aceptar que no podemos protegerla de todo.

¿Es mejor proteger a Mimi o permitirle conocer el mundo?

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Como probablemente ya os habréis dado cuenta, en Hanami Dango nos encantan las historias que nos hacen reflexionar. Así que volvemos con Mimi para darle vueltas a otra cuestión que ha hecho que escribir esta recomendación de I Want to Love You Till Your Dying Day nos haya resultado tan natural como el amor que sentimos por el universo otaku.

La decisión de la profesora de incorporar a Mimi a la escuela en lugar de mantenerla oculta plantea un tema de lo más interesante. ¿Es preferible protegerla de una realidad que podría hacerle daño o permitirle participar en una vida más cercana a la de sus compañeras, aunque eso implique exponerla a nuevas experiencias y dificultades?

La respuesta no es sencilla, porque ambas opciones contienen una contradicción. Mantenerla apartada podría evitarle determinadas situaciones, pero también significaría privarla de la oportunidad de relacionarse con otras personas y descubrir aspectos de la vida que van más allá de su capacidad para sobrevivir. Incorporarla a la escuela le permite establecer vínculos y experimentar cierta normalidad, aunque esa normalidad esté lejos de ser verdaderamente «normal».

Lo que vuelve especialmente delicada esta cuestión es que ni siquiera conocemos con exactitud la edad de Mimi en relación con el tiempo que lleva luchando. Su apariencia, su comportamiento y su inocencia contrastan con la experiencia que parece haber acumulado en el campo de batalla. No sabemos hasta qué punto comprende lo que ha vivido ni qué posibilidades ha tenido de procesarlo.

I Want to Love You Till Your Dying Day - Recomendación 9 - Hanami Dango

Y aquí conviene detenernos en algo importante: la inocencia no significa necesariamente ignorancia, ni perderla es un requisito para madurar. Mimi puede necesitar conocer mejor el mundo, comprender sus circunstancias y aprender a tomar decisiones sobre su vida, pero eso no implica que debamos considerar su inocencia algo que haya que corregir.

La cuestión no es si resulta preferible que siga siendo infantil o que se comporte acorde a la crueldad con la que se ve obligada a comportarse en el campo de batalla. La cuestión es que tiene derecho a crecer, a recibir apoyo y a comprender su propia situación sin que otros decidan constantemente por ella.

En ese sentido, ofrecerle la posibilidad de convivir con sus compañeras puede ser un primer paso hacia una existencia más dolorosa, pero también más completa. No porque la escuela represente una vida normal en sentido estricto, sino porque permite que Mimi sea algo más que la herramienta que otros necesitan para combatir.

Una melancolía que nos recuerda la importancia de vivir el presente

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La atmósfera de I Want to Love You Till Your Dying Day está marcada por la sensación de que cualquier momento de felicidad puede terminar demasiado pronto. Las ausencias, el miedo y la incertidumbre acompañan a nuestras protagonistas en todo momento. La guerra nunca desaparece del todo, porque sigue condicionando sus relaciones y las posibilidades que tienen de imaginar un futuro.

Esta melancolía no impide que la serie encuentre espacio para escenas adorables y momentos de tranquilidad. Al contrario, hace que resulten todavía más significativos —y adorables—. Cuando sabemos que las protagonistas pueden ser enviadas al frente en cualquier momento, una conversación cotidiana se convierte en una oportunidad para disfrutar de algo que quizá no puedan recuperar.

Por eso resulta tan comprensible que Mimi quiera aprovechar el tiempo que comparte con Sheena y sus amigas. Su inmortalidad podría llevarnos a pensar que dispone de todo el tiempo del mundo, pero su situación demuestra precisamente lo contrario. Puede sobrevivir durante un tiempo indefinido y, sin embargo, no tiene garantizado que las personas que ama permanezcan a su lado —y esto nos deja el corazón tiernecito y dolorido—. 

La historia nos invita así a valorar esos pequeños instantes en nuestra vida. No hace falta vivir una tragedia para comprender la importancia de disfrutar de quienes nos acompañan. Lo que la obra pone de manifiesto es que, cuando el futuro resulta incierto, el presente puede convertirse en uno de los pocos espacios donde todavía es posible elegir algo para una misma.

Conclusiones

I Want to Love You Till Your Dying Day - Recomendación 16 - Hanami Dango

I Want to Love You Till Your Dying Day utiliza el romance y la fantasía oscura para construir una historia sobre la guerra, la deshumanización y la necesidad de encontrar afecto en medio de la violencia. Uno de sus mayores aciertos reside en el contraste entre la ternura de sus personajes y la brutalidad de sus circunstancias.

También nos resulta especialmente interesante la manera en que la obra plantea los conflictos entre sus personajes sin reducirlos a una cuestión de fuerza o debilidad. Cuidar de alguien puede significar cosas diferentes para cada persona. En el caso de Mimi y Sheena, la posibilidad de encontrar refugio en la otra adquiere tanta importancia como cualquier demostración de poder.

Y, en medio de tanta crueldad, quizá sea precisamente eso lo que hace que su historia resulte tan dolorosa y, al mismo tiempo, tan tierna. Incluso cuando el mundo parece empeñado en enseñarles a morir, ellas todavía están intentando aprender a vivir. 

¿Y vosotros ya le habéis dado una oportunidad a esta joyita escondida? Estamos deseando leer vuestros comentarios, ya sea por aquí o a través de nuestras redes sociales. ¡Un abrazo para todos, queridos lectores de Hanami Dango!

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