¡Bienvenidos a vuestra casa, queridos lectores de Hanami Dango! Hoy hemos querido prepararos una reseña de un tomo único de esos que nos obligan a frenar en seco y reflexionar: Kizu —Heridas—. Un manga que funciona perfectamente como metáfora de la empatía. Una historia especialmente conmovedora que utiliza lo sobrenatural como una forma de hablar de heridas emocionales muy reales. 

Un relato donde lo verdaderamente conmovedor no es descubrir que un niño pequeño tiene un superpoder, sino comprobar qué deciden hacer su amigo y él con ese poder a pesar de las heridas que ambos cargan. Y lo más maravilloso de todo es que sean precisamente dos niños heridos quienes terminan enseñándonos una lección sobre la compasión. 

Kizu - Reseña 1 - Hanami Dango

Título: Kizu —Heridas—.
Título original: Kizu (傷).
Autores: Otsuichi (historia original) y Hiro Kiyohara (guion y dibujo).
Traducción: Marc Bernabé.
Fecha de publicación: 26-09-2019.
Editorial: Milky Way Ediciones.
Género: suspense, psicológico, drama, sobrenatural.
Demografía: shonen.
Precio: 9 €.
Formato: 13 x 18 cm, rústica con sobrecubierta.
Páginas: 204, blanco y negro con páginas a color.
Tomo único.
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Introducción: las heridas con las que cargamos

Kizu - Reseña 13 - Hanami Dango

Hay heridas que no dejan marcas visibles sobre nuestra piel, pero que pueden acompañarnos durante toda la vida. Heridas que nacen durante la infancia, cuando todavía no tenemos las herramientas necesarias para comprender lo que sucede a nuestro alrededor, y que terminan condicionando nuestra forma de relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos. Kizu —Heridas— es una de esas historias que nos obligan a detenernos y mirar precisamente hacia ellas.

Publicado en España por Milky Way Ediciones allá por el año 2019, este tomo único de 204 páginas, con historia original de Otsuichi —autor de Mi amigo capricornio— y dibujo y guion de Hiro Kiyohara, nos presenta una historia tan dura como delicada. Una obra que mezcla el drama cotidiano con elementos sobrenaturales para hablar de algo profundamente humano: el dolor, las cicatrices emocionales y la capacidad que tenemos para comprender las heridas de los demás.

Y quizá lo más sorprendente sea que, pese a la crudeza de todo aquello que nos cuenta, cuando llegamos a la última página no sentimos que nos haya dejado en la oscuridad. Al contrario. Kizu deja tras de sí un pequeño poso de esperanza.

Las heridas que los adultos infligen a la infancia

Kizu - Reseña 3 - Hanami Dango

Uno de los aspectos que más nos ha impactado de la obra es la manera en la que nos enfrenta a una realidad que, como adultos, quizá no siempre somos capaces de percibir en toda su dimensión: el enorme peso que podemos colocar sobre los hombros de un niño.

A menudo pensamos en la infancia como una etapa que terminará desapareciendo con el paso de los años. Como si aquello que ocurre durante esos primeros años de nuestra vida quedara inevitablemente atrás cuando crecemos. Pero no siempre es así. Ni muchísimo menos. 

Las experiencias que vivimos durante la infancia pueden transformar nuestra manera de entender el mundo. Las palabras que escuchamos, el abandono, la violencia, la falta de cariño o las expectativas que otros depositan sobre nosotros pueden convertirse en cargas que seguimos arrastrando mucho después de haber dejado de ser niños. Y Kizu consigue transmitir esta idea sin necesidad de convertirla en un discurso.

Kizu - Reseña 11 - Hanami Dango

Keigo y Ayato son dos niños que han sufrido enormemente a manos de quienes deberían haber sido precisamente las personas encargadas de protegerlos. Keigo ha sido víctima del maltrato de su padre y ha sufrido el abandono de su madre, mientras que Ayato ha vivido una situación igualmente terrible a manos de su propia familia. Son niños que han aprendido demasiado pronto que el mundo puede ser un lugar doloroso. Y, sin embargo, la historia no se limita a mostrarnos sus heridas. Se interesa por lo que esas heridas provocan en ellos.

La armadura con la cargamos

Kizu - Reseña 6 - Hanami Dango

Aquí es donde entra en juego uno de los elementos que más nos gustan de la obra: la utilización de lo sobrenatural como una extensión de la realidad emocional de sus personajes.

En Kizu, las heridas físicas y las emocionales conviven constantemente y esa mezcla nos recuerda que no siempre podemos saber qué lleva una persona en su interior simplemente observando aquello que muestra por fuera.

Todos podemos construir una armadura. Podemos aprender a esconder aquello que nos duele, a fingir que estamos bien, a comportarnos como si determinadas experiencias no hubieran dejado huella en nosotros. Podemos convertir nuestras cicatrices en algo que nadie más pueda ver. Eso es precisamente lo que hace que la historia resulte tan humana.

No existen únicamente personajes buenos y personajes malos. No encontramos una separación sencilla entre quienes sufren y quienes hacen sufrir. Cada persona carga con sus propias circunstancias, sus decisiones, sus errores y sus heridas. Algunas han sido provocadas por otras personas. Otras son consecuencia de nuestras propias decisiones. Pero todas dejan una marca.

La obra nos invita así a mirar más allá de esa primera impresión que solemos hacernos de quienes nos rodean, a recordar que detrás de cada comportamiento puede existir una historia que desconocemos y que, aunque no justifique nuestras acciones, puede ayudarnos a comprenderlas.

El poder de cargar con el dolor ajeno

Kizu - Reseña 7 - Hanami Dango

En este punto es donde la historia alcanza uno de sus momentos más importantes. Cuando Keigo descubre cuál es realmente el poder de Ayato, comprendemos también el verdadero significado de todo lo que hemos estado leyendo. Ayato posee la capacidad de quitar las heridas de otras personas, total o parcialmente, pero tiene un alto precio: esas heridas pasan a él.

No podemos evitar pensar entonces en la empatía. En esa capacidad de acercarnos al sufrimiento de otra persona, comprenderlo y tratar de aliviarlo aunque eso suponga compartir, al menos en cierta medida, su dolor. Pero lo verdaderamente extraordinario no es únicamente el poder de Ayato. Lo realmente impresionante es lo que ambos deciden hacer con él.

Kizu - Reseña 4 - Hanami Dango

Después de todo lo que la vida les ha hecho. Después del maltrato, del abandono, del miedo y de las experiencias que ningún niño debería tener que soportar, Keigo y Ayato podrían haber escogido el camino contrario. Podrían haberse dejado consumir por la rabia o haber decidido que el mundo no merecía nada de ellos. Pero no lo hacen. Deciden ayudar a otras personas.

Justo esto es lo que nos ha llevado a la necesidad de hacer una reseña de Kizu —Heridas— porque con eso es con lo que nos ha pegado con más fuerza. Porque la historia no afirma que sufrir nos convierta automáticamente en mejores personas. Tampoco pretende decirnos que las heridas desaparecen cuando encontramos a alguien que nos comprende. Nos plantea algo mucho más poderoso: haber sufrido no significa que estemos condenados a hacer sufrir a los demás. Podemos elegir. Incluso cuando estamos rotos.

Dos niños que se encuentran

Kizu - Reseña 8 - Hanami Dango

La relación entre Keigo y Ayato es, para nosotros, uno de los grandes pilares de la obra, y algo que no podíamos dejar de mencionar en esta reseña de Kizu. Su vínculo nace precisamente porque ambos pueden reconocer en el otro algo que saben bien lo que significa: el dolor. Quizá por eso su relación resulta tan conmovedora.

No necesitan tener una vida perfecta para ofrecerse compañía. No necesitan haber superado aquello que les ha ocurrido para tenderse una mano. Son dos niños heridos que, aun cargando con sus propios problemas, encuentran la manera de preocuparse por alguien más. Hay algo muy bonito en esa idea.

Cuando pensamos en la empatía solemos imaginar a alguien que está en una posición de fortaleza ayudando a quien lo necesita. Kizu nos propone otra perspectiva: a veces quien más necesita ayuda también puede ser capaz de ayudar a otra persona. Keigo y Ayato no se salvan mágicamente el uno al otro. Se acompañan. Y esa diferencia es monstruosamente importante.

204 páginas que dejan huella

Kizu - Reseña 5 - Hanami Dango

Otro de los grandes méritos de Kizu es su capacidad para construir una narración profunda y emocionalmente compleja en apenas 204 páginas y es algo que en esta reseña queremos destacar.

Esta obra logra demostrar que no necesitamos cientos de capítulos para comprender a sus protagonistas ni para conectar con aquello que están viviendo. La historia sabe perfectamente qué quiere contar y encuentra el equilibrio necesario para desarrollar su trama sin perderse por el camino.

El ritmo funciona especialmente bien porque la obra combina momentos de enorme crudeza con otros mucho más íntimos, dejando espacio para que sus personajes respiren y para que nosotros podamos asimilar lo que estamos leyendo. Algo que tiene todavía más mérito cuando hablamos de una historia que maneja temas tan delicados.

Kizu no necesita recrearse constantemente en el sufrimiento para hacernos comprender cuánto han padecido sus protagonistas. A veces basta con mostrarnos una consecuencia. Una mirada, un silencio, una reacción.

Quizá ahí encontremos también parte de la belleza de la historia de Otsuichi y del dibujo y el guion de Hiro Kiyohara: lo que no se dice puede llegar a pesar tanto como aquello que aparece explícitamente sobre la página.

Una dura historia que no te sume en la oscuridad

Kizu - Reseña 10 - Hanami Dango

Si tuviéramos que definir Kizu únicamente como una historia triste, sentiríamos que estaríamos dejando fuera una parte fundamental de lo que pretende transmitir. Sí, es una obra dura. Eso es del todo indiscutible, pero no es solo eso. 

Hay situaciones dolorosas y experiencias especialmente difíciles de asimilar. Pero, por encima de toda esa crudeza, existe una mirada profundamente humana y esperanzadora. Las heridas están presentes —hasta el punto de darle título a la obra—, pero también lo está la posibilidad de aliviar algunas de ellas.

La historia nos habla de personas que han recibido mucho dolor y que, aun así, encuentran dentro de sí mismas la capacidad de ofrecer algo bueno a los demás. Y eso cambia completamente el sabor de la lectura.

Cuando cerramos el tomo, no nos quedamos únicamente pensando en todo aquello que han sufrido sus protagonistas. Nos quedamos pensando también en las personas que encontramos a lo largo de nuestra propia vida. En aquello que quizá no sabemos de ellas. En las heridas que no vemos. En las armaduras que todos utilizamos en algún momento. Y, sobre todo, en lo importante que puede ser una mano tendida en el momento adecuado.

Conclusiones

Kizu - Reseña 9 - Hanami Dango

En esta reseña nos parece de vital importancia remarcar que Kizu —Heridas— es una historia breve, pero eso no significa que sea pequeña. En sus 204 páginas encontramos una reflexión sobre la infancia, el dolor, el abandono, la violencia, la empatía y la capacidad del ser humano para decidir qué hacer con las heridas que la vida le ha dejado.

Nos ha fascinado especialmente su manera de mostrarnos que todos llevamos cicatrices, aunque no podamos verlas. Que detrás de aquello que enseñamos al mundo puede existir una historia completamente diferente y que, quizá, comprender al otro empieza precisamente cuando dejamos de juzgar únicamente lo que vemos desde fuera.

Pero, sobre todo, nos quedamos con Keigo y Ayato. Con dos niños a los que la vida ha tratado con una crueldad que jamás deberían haber conocido y que, aun así, deciden utilizar aquello que poseen para ayudar a otras personas.

Esa sea la idea más bonita que nos deja Kizu: nuestras heridas forman parte de nuestra historia, pero no tienen por qué decidir quiénes somos ni qué hacemos con el dolor que llevamos dentro.

Algunas cicatrices no desaparecerán nunca. Pero eso no significa que no podamos aprender a vivir con ellas. Y, a veces, tampoco significa que no podamos utilizar nuestras propias manos para ayudar a alguien más a soportar las suyas. 

Como siempre, ha sido un placer y un honor compartir este rato con vosotros. Nos encantaría que nos hicierais llegar vuestras opiniones, ya sea a través de aquí o por nuestras redes sociales. Nos leemos en la próxima. ¡Un abrazo enorme para todos!

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