¡Saludos, lectores de Hanami Dango! En esta ocasión, os ofrecemos un acercamiento a la vida y obra de uno de los escritores japoneses más sobresalientes de todos los tiempos: Kenji Miyazawa. Daremos cuenta tanto de sus vicisitudes vitales como de las obras más significativas de su producción, las cuales dieron forma a su propio universo mágico.
Buda y catecismo
Kenji Miyazawa nació en el año 1896 en Hanamaki, al norte de la isla de Honshu, en Japón. Fue el mayor de cinco hermanos, naciendo en una familia acomodada que se dedicaba al negocio de los empeños.

Desde niño, el budismo estuvo presente en su vida, influido primeramente por las personalidades religiosas que su padre invitaba para que realizasen ritos y ceremonias en su hogar. También se interesó por el cristianismo, y estableció relación con sus predicadores y feligreses.

Ya pasada la escuela secundaria, realizó estudios y se graduó en la universidad de su prefectura para convertirse en ingeniero agrónomo. Cabe destacar, a este respecto y por lo que será comentado en los siguientes párrafos, la importancia fundamental que tiene la naturaleza en el pensamiento budista y sintoísta del país nipón.

Profundizando su arraigo religioso, decidió iniciarse en la escritura de cuentos infantiles, dando así por iniciada una trayectoria literaria que lo llevaría a escribir, finalmente, algunas de las obras más valiosas e influyentes de la literatura infantil y japonesa. El objetivo de estos relatos, para él, era el de transmitir a los niños las ideas budistas; es por ello que, en estos textos, el aprecio por la naturaleza, los hombres y la búsqueda de la armonía son una constante.

Llegado el momento, dejó atrás la oportunidad de dedicar su vida a la enseñanza y se trasladó a Tokio para dedicarse a la escritura. Es en este periodo de 8 meses en el que escribió la práctica totalidad de su obra. Según cuentan los que lo conocieron, era capaz de escribir 3000 hojas al mes.
Sin embargo, transcurrido ese tiempo en la capital, fue informado de que su hermana pequeña Toshi se encontraba gravemente enferma, y fue por ello que decidió regresar a su pueblo natal. Después de 2 años luchando, su hermana falleció.

Esto supuso un golpe emocional devastador para Kenji, quien se hallaba muy unido a ella. Además, de todos los miembros de su familia, era la única que lo apoyaba en su sueño de ser escritor. Fue durante este periodo en el que nació una de sus mayores obras, y por la que sería recordado mayormente hasta el día de hoy: El tren nocturno de la Vía Láctea.
Durante los años siguientes, Kenji se dedicó a labores benéficas para con los campesinos de su tierra y a trabajar el campo. Por la noche, se dedicaba a seguir estudiando y escribiendo, pero su labor fue muy escasa en esta época posterior a la muerte de su hermana.

Finalmente, acabó al cuidado de su familia por la debilidad que le produjo el estilo de vida tan exigente que profesaba. Murió por neumonía en 1934, cuando solo contaba con 37 años.

Más allá del río de estrellas
Fue después de su fallecimiento cuando su familia, en colaboración con otros amigos escritores, lograron que se publicase El tren nocturno de la Vía Láctea.
Esta obra, sin embargo, no era más que un borrador desordenado que, con ayuda de diversos académicos, se consiguió cohesionar.
El relato trata acerca de cómo dos niños viajan a través de la galaxia y las constelaciones, encontrando lugares y personajes increíbles en su trayecto mientras se encuentran subidos en una locomotora que puede flotar sobre el vacío. Decir algo más sería destripar la historia, de la cual recomendamos encarecidamente su lectura.
La obra fue un éxito inmediato desde el momento de su publicación en 1934. A partir de entonces, se comenzó a publicar la mayor parte de su obra, hasta entonces inédita.


Derecha: edición española, Satori, 2017.
Además del ya mencionado relato, Miyazawa es bien conocido por sus cuentos, los cuales se caracterizan por suscitar fácilmente la reflexión del lector en torno a temas que se hacen constantes a lo largo de todos ellos, como el sentido de la vida, la superación de la pérdida, la búsqueda de la armonía o la relación que mantenemos como integrantes del entorno natural. Ejemplos de esta narrativa breve son relatos como El mesón de los muchos pedidos, Los postes eléctricos en la noche de luna o El Gran Festival de los Vegetarianos.
Dentro de su obra, destacaremos, por último, su labor poética. En ella pueden atisbarse todos los temas mencionados anteriormente, pero materializados de una forma más cruda al describir en muchos de ellos no solo el duelo por la muerte de su hermana, sino la agonía por la que pasó poco tiempo antes de su muerte.

Como muestra de la calidad poética de sus escritos, compartimos uno de ellos, titulado Humo:
«Río arriba,
(9 de octubre de 1926. Una luz que perdura, Satori, 2023)
el humo de la chimenea de la fábrica de ladrillos
sigue el rastro de las nubes.
Allá abajo, sobre el talud de esquisto blanquiazul
extendido a sus pies,
buscaba yo fósiles de nueces, largos y puntiagudos, huellas de bestias antiguas,
en la suave turbidez murmurante del agua.
Durante dos veranos,
pasé así cada tarde tras las prácticas
disfrutando con mis alumnos.
Ahora solo hay montañas oscuras por todas partes.
¿Qué estarán quemando
en la chimenea de la fábrica de ladrillos
totalmente arruinada?
El humo negro sigue subiendo
y se confunde con las nubes que cubren el cielo.
Los confines de platino del firmamento,
poco a poco, se van haciendo más estrechos».
Las estrellas que giran
Miyazawa ha influido poderosamente en varias generaciones de artistas japoneses, entre los que destacamos, claramente, a Hayao Miyazaki. Más allá de la evidente correspondencia temática entre la obra de ambos artistas, se pueden identificar incluso, bajo examen, similitudes mucho más acusadas, como pudiera ser la famosísima escena del tren de El viaje de Chihiro.

Sin salir del círculo de Miyazaki, el también director de animación Isao Takahata llegó a realizar una adaptación en mediometraje de uno de los cuentos más famosos del escritor: Goshu, el violoncelista.

Por su parte, El tren nocturno de la Vía Láctea tuvo una adaptación al cine de animación en 1985, en la cual los chicos protagonistas del libro son reemplazados por gatos. La misma es una cinta muy bella e interesante que adapta con mucha fidelidad y respeto la obra original, por lo que también recomendamos su visionado.

Además de esta adaptación directa, la trama de otras obras de anime y manga se encuentra muy vinculada al relato, llegando a hacer referencia explícita al mismo. Tal es el caso de la película La isla de Giovanni (2014), película protagonizada por dos niños en tras el fin de la II Guerra Mundial, o del anime romántico Hanbun no tsuki ga Naboru Sora (2006), centrado en la relación de un chico con una chica que conoce a la entrada de un hospital.


Fuera de sus adaptaciones, incluso se le ha visto al propio Miyazawa representado con una versión —extremadamente libre— de sí mismo en la serie de manga y anime Bungou Stray Dogs.

Una luz que perdura
Hoy en día, Kenji Miyazawa es considerado el autor de literatura infantil más importante y conocido de Japón. En vida, sin embargo, no llegó a publicar más que una quincena de sus casi 100 cuentos, sumados a su breve obra poética. Un museo dedicado a su memoria puede visitarse en Hanamaki, su localidad natal.


Añadiremos un último dato, a colación del gusto que sentía Miyazawa por la música: el autor japonés llegó a escribir la partitura de una canción.
Se titula Hoshi Meguri no Uta, que se traduciría como «la canción de las estrellas que giran» o «la canción del movimiento estelar».
La misma trata acerca de las constelaciones que encuentran los protagonistas de El tren nocturno de la Vía Láctea durante su viaje por el espacio.
Sumado a lo anterior, dejamos una extraordinaria interpretación instrumental de la misma, la cual parece tener el poder de sumergirte en el mundo de la obra.
Esta canción también es muy conocida en su país, y fue la que interpretaron un coro de niños junto con la cantante Ōtake Shinobu en la clausura de los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020.

Y hablando de clausuras, también debemos dar por finalizado este monográfico sobre Kenji Miyazawa.
Si os interesa leer y profundizar en su obra, una parte significativa de la misma ha sido publicada en español por la editorial Satori. Además, Quaterni también ha recogido alguno de sus relatos en sus antologías.


Dicho esto, esperamos que hayáis disfrutado aprendiendo más o descubriendo a este gran autor. ¡No os olvidéis nunca de echar un vistazo a las estrellas!
¡Hasta aquí nuestro análisis! ¿Qué os ha parecido? Recordad que podéis seguirnos en redes sociales y ver nuestros directos en Twitch. ¡Feliz lectura y hasta la próxima!



























