¡Saludos a nuestros cálidos dangos, no solo por el cariño sino también por el ardiente calor que afrontamos últimamente! Hoy queremos sentarnos a hablar sobre una obra que esperamos que os refresque como un agradable soplo de brisa: El ratón de biblioteca. Así que, aunque estemos en un entorno digital, ¡abran sus libros y sean bienvenidos al conocimiento! 

Título: El ratón de biblioteca. 
Autor: Miya Kazuki (historia), Yuu Shiina (ilustración).
Editorial: Sekai Editorial. 
Género: Histórico, recuentos de la vida. 
Páginas: 310 páginas en B/N. 
Volúmenes: 33 (serie cerrada).
Precio: 12€.

Una estudiante universitaria despierta en un mundo donde casi nadie sabe leer y los libros son un lujo raro. Reencarnada como la hija de un soldado, su pasión por la lectura se enfrenta a una cruda realidad: no hay libros. Pero si no existen… ¡los hará ella misma! Decidida a vivir rodeada de libros, su sueño es convertirse en bibliotecaria. Así comienza su aventura, creando libros desde cero en un mundo que los desconoce.

Argumento

La narración arranca con Urano, una chica en su etapa universitaria que tiene los libros como el eje central de su existencia. Al vencérsele una estantería encima, despierta siendo Myne, una niña de cinco años, en un mundo bastante lejano y no solo a nivel cronológico del Japón contemporáneo del que ella procede en realidad. 

A partir de aquí, residirá en una ciudad que parece de época medieval en una familia compuesta por su padre Gunther y su madre Effa, su hermana mayor Tuuli de siete años, y sus vecinos y amigos Faye, Lutz (de la misma edad de Myne y Ralph (de seis años como Tuuli).

Una estructura conocida

La historia sigue dos tipos de estructura. Por un lado, empieza con una narración lineal donde se nos cuenta, muy por encima, quién es Urano. Por otro lado, cuando despierta reencarnada en Myne tras el accidente, inicia la aventura central de la obra, un inicio muy usual en los isekais, pero contamos que con esto no os estamos descubriendo nada nuevo, ¡aunque funciona igual de bien que siempre!

La belleza de un ritmo tranquilo

La narración es amena y sencilla, y sobre todo, pausada. No tiene ningún tipo de ansia por saltar al verdadero punto central de la obra (y aquí dejamos nuestra posible pista, pues la historia tiene mucha más miga más allá de la historia de Myne y su lucha por tener libros…) ni está desesperada por captar nuestra atención. En su lugar, deja caer los sucesos importantes a través de acciones cotidianas, lo que da lugar a una progresión muy agradable de disfrutar. Casi se siente como cuando sacas el brazo por la ventanilla del coche en pleno verano, mientras circulas por la autopista, y sopla una brisa ligera y fresca: no tienes ninguna prisa por llegar a tu destino y disfrutas cada punto del trayecto. Y esta es una de las mejores virtudes que tiene El ratón de biblioteca en su ritmo de narración y lectura.

Las ilustraciones están muy bien realizadas y presentan un dibujo muy suave y hogareño. Con un predominio de facciones redondas, el propio trazado de las formas da también la sensación de recrearse en su recorrido. Todo se siente como un ritual de deleite de pausa, algo muy enlazado a uno de los ejes centrales de la obra: los libros y la lectura. 

Oda al conocimiento

Mirando el mundo de forma distinta

La obra puede resultar un ejercicio sumamente interesante para los lectores y, a título personal, como historiadora, una siente a menudo que supone observar el mundo desde una perspectiva que no es la nuestra: como muchos de los conceptos cotidianos que para nosotros son «normales» dentro de otro contexto pueden no serlo o incluso ni siquiera existir. Esto es una profunda e interesante reflexión a nivel cultural.

Lo observamos en la obra con conceptos como la literatura. Si bien en nuestra época contemporánea contamos con pleno acceso a libros, papel y una educación que permite la alfabetización, hay que recordar que hasta hace apenas 80 años estos recursos seguían sin ser accesibles para todo el mundo. Es más, estamos seguros de que algunos dangos que nos leen seguramente tengan algún familiar como sus abuelos o bisabuelos, que no tuvieron la suerte de aprender a leer y escribir. 

El privilegio de poder leer y escribir

El ratón de biblioteca nos recuerda el preciado privilegio del conocimiento, algo que hoy en día damos por hecho y que no deberíamos olvidar que es un honor poder disfrutar de él. Ver los miles de caracteres y comprender qué significan es un regalo fruto del ejercicio del lenguaje y la comunicación, algo que tenemos normalizado pero que conlleva un arduo esfuerzo, como a veces solo sabe recordarnos la experiencia de aprender un idioma, volviendo a ser unos bebés que aún no saben desenvolverse y que tienen dificultades al hablar. 

A modo de curiosidad y saliéndonos quizá un poco de la temática, aprovechamos para recordar que no hace falta tener un sistema de escritura para considerar que un pueblo tiene un lenguaje. Sin ir más lejos, las civilizaciones andinas emplearon un sistema denominado quipu que funcionaba mediante nudos, de una forma similar a como podía suceder en Europa con la comunicación oral antes de la aparición de la escritura. Tendemos a pensar que, como sociedad, no estamos avanzados sin un sistema de caracteres similar al alfabeto o los silabarios, pero la realidad es que el lenguaje es algo sumamente plástico y flexible. 

No olvidemos que el origen de la historia recae en esa voluntad de dejar un registro para la posteridad. Tal como se ve en el ejemplo de la muralla y los soldados en la novela, donde vemos que a veces estos se limitaban a contabilizar la gente que acudía a la ciudad y su profesión -posición social, a veces estos eran sumamente simples como cuestiones de contabilidad, quedando apenas anotados nombres o conceptos (os impresionaría la cantidad de registros cuneiformes que hay de disputas por animales). 

Ante todo, la lectura es, de manera implícita y discreta, un ligero repaso general de manera contextual por la historia de la escritura, arrancando en Egipto para seguir con Mesopotamia y, posteriormente, con la civilización china. No llega a ser exactamente lo mismo porque aquí es una cuestión de mero contexto histórico de la obra y no el eje central de la narración de manera objetiva, pero puede recordar en ciertos momentos a El infinito en un junco. ¡Nosotros estamos seguros de que a Myne le encantaría esta obra si la conociera!

Bajando a un nivel de necesidades más básicas, la importancia de la higiene y del autocuidado, tener acceso a productos de primera necesidad y de aseo, es una realidad que hoy en día aún hay personas en el mundo que no pueden disfrutar. También tiene un peso destacable el hincapié que se hace en la obra a tener buena condición física, algo que vemos ilustrado a través de todos los impedimentos que afronta Myne por su deplorable estado físico. 

Atreverse a ser diferente

Otra cuestión muy interesante planteada en la lectura, y que sin duda podríamos enlazar con una cuestión sociológica en lo que respecta a Japón especialmente, aunque a su vez es aplicable al resto del globo, es lo «penalizado» que está ser distinto o atreverse a ser diferente. Myne es un desafío constante para su entorno porque siempre se atreve a ir más allá, entendiendo que en la vida existen limitaciones, como las que ella misma argumenta en torno a su forma física, pero que estas existen y que es nuestra responsabilidad no dejar que nos detengan.

A pesar de todos los impedimentos y obstáculos que afronta casi de manera constante en su empresa, ella no se rinde y, a través de esa insatisfacción y ambición, es como aumenta la superficie del mundo conocido, si se nos permite la metáfora, de las personas que la rodean. Mejora sus vidas simplemente a base de abrirse paso con preguntas e inquietudes que en un primer momento son percibidas –casi siempre– como un incordio por su alrededor.

La curiosidad como impulso para el cambio

El miedo, la desconfianza y la incertidumbre forman parte del apasionado viaje que supone el descubrimiento y son un reto más a la hora de trascender metáforas, tanto del mundo que nos rodea como las relacionadas con el conocimiento. Myne, sin duda, puede ser una heroína para todos aquellos que se vean preparados para intentar adoptar esa forma de entender la vida. A nosotros, sin duda, nos llega especialmente al corazón por la bella intención de ilustrar que se observa en la obra, y de recordarnos que son los transgresores e innovadores aquellos que realmente nos conducen al avance, convirtiéndose en una de las figuras más necesarias en nuestra sociedad.

Es nuestro deber, por tanto, hacer siempre hincapié en el aliento de la curiosidad y la inquietud, en especial, en el ámbito de la educación y, sobre todo, con los más pequeños, como se ilustra en los intentos de Myne por aprender e instruirse. El conocimiento está especialmente unido a aquello que atañe a estas cuestiones. Pues, tal como alegaba Platón, el gobierno debería pertenecer a aquellos más sabios. ¡Y nosotros estamos sumamente de acuerdo!

Como persona golosa, a título personal, me ha encantado el detalle con el que que se dedica a imaginar los alimentos, la forma en que los describe visualmente e incluso cómo se deleita especificando sabores y olores. Desde aquí también queremos mandar un beso al traductor por la referencia a nuestras queridas torrijas. ¡Nos habría encantado saber qué ponía en la versión original para valorar aún más esa maestría en la traducción! 

Impresiones y reflexiones personales

El ratón de biblioteca es una obra que, ante todo, nos produce un despertar de la conciencia sobre nuestra inquietud humana. Al menos a una servidora, a título más personal, la ha retrotraído a esos tiempos en los que una persona dependía quizá más del ingenio de lo que lo hacemos ahora para salir adelante. 

Las cuestiones básicas de supervivencia que antaño suponían un desafío, como conocer la forma correcta de crear fuego, cómo conservar la comida, la importancia de la higiene a la hora de mantener la salud –o incluso salvar la vida–, o, mismamente el privilegio que suponía tener una serie de conocimientos, ya fuera sobre la escritura, la economía las cuestiones artesanales. 

Es, sin duda, una oda a toda la evolución que hemos vivido como civilización a lo largo de nuestra historia, resumido en un relato que no tiene ninguna pretensión de vanagloriarse y que, sin embargo, cala tan hondo como pueda hacerlo cualquier proverbio zen, por ilustrar el caso con un ejemplo. 

En tiempos convulsos como los de ahora, es una obra necesaria para preguntarnos a qué llamamos progreso en la humanidad. 

Conclusiones finales

El ratón de biblioteca es una de las pocas, por desgracia, series de novelas ligeras con origen japonés disponibles en España. Es una historia contada de manera sencilla, pero con una profundidad que cala más hondo a medida que pasas las páginas y que seguramente vaya in crescendo en cada tomo.

Se trata de una muy buena primera toma de contacto para aquellos que aún no están familiarizados con ellas, como era el caso de una servidora, pero que también puede funcionar como una puerta de entrada para aquellas personas que son ávidas lectoras de novelas no relacionadas con el mundo del manga y el anime o incluso una lectura quizá un poco más densa y extensa para aquellos lectores habituales de manga.

Cualquiera de esos tipos de lectores, estamos seguros de que disfrutarán de la obra, e incluso todo aquel que quizá no tenga entre sus hábitos leer, pero sea un apasionado de la historia o del conocimiento. Nosotros, en cualquiera de los casos, no podemos parar de recomendar una obra que, sin duda, nos ha gustado mucho. 

Nos encontramos, por tanto, aliviados de saber que muy pronto tendremos un trocito más de este delicioso pastel con el lanzamiento de su segunda entrega para este mismo agosto. Hasta entonces, nos tocará aguantar el sudor por el esfuerzo y el calor lo mejor que podamos. Nos vemos en la siguiente lectura, queridos dangos de colores. ¡Cuidaros mucho!

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